Melville’s Moby-Dick, where it is the text for Father Mapple’s grand sermon. Tucked away in the Book of the Twelve, with such fierce prophets as Amos and Micah, Jonah is out of place. It should be with the Writings—Song of Songs, Job, Koheleth—because it too is a literary sublimity, almost the archetypal parable masking as short story. The irony of the J Writer* is renewed by the author of Jonah, who may well be composing a parody of the prophet Joel’s solemnities. Joel’s vision is of nature’s devastation: “the day of the locust.” Jonah’s counter-vision is of survival, dependent upon divine caprice.Sunday, August 7, 2011
Biblical parodies
Melville’s Moby-Dick, where it is the text for Father Mapple’s grand sermon. Tucked away in the Book of the Twelve, with such fierce prophets as Amos and Micah, Jonah is out of place. It should be with the Writings—Song of Songs, Job, Koheleth—because it too is a literary sublimity, almost the archetypal parable masking as short story. The irony of the J Writer* is renewed by the author of Jonah, who may well be composing a parody of the prophet Joel’s solemnities. Joel’s vision is of nature’s devastation: “the day of the locust.” Jonah’s counter-vision is of survival, dependent upon divine caprice.Friday, July 15, 2011
Bible algorithm
JERUSALEM -- Software developed by an
Israeli team is giving intriguing new hin
ts about what researchers believe to be the multiple hands that wrote the Bible.
The new software analyzes style and word choices to distinguish parts of a single text written by different authors, and when applied to the Bible its algorithm teased out distinct writerly voices in the holy book.
The program, part of a sub-field of artificial intelligence studies known as authorship attribution, has a range of potential applications - from helping law enforcement to developing new computer programs for writers. But the Bible provided a tempting test case for the algorithm's creators.
For millions of Jews and Christians, it's a tenet of their faith that God is the author of the core text of the Hebrew Bible - the Torah, also known as the Pentateuch or the Five Books of Moses. But since the advent of modern biblical scholarship, academic researchers have believed the text was written by a number of different authors whose work could be identified by seemingly different ideological agendas and linguistic styles and the different names they used for God.
Monday, June 20, 2011
Livro traça apaixonante retrato da sexualidade brasileira
"o brasileiro" conferiria ao Brasil um ar decidido de potência dionisíaca: a ideia de que ninguém domina como o Brasil o jogo bonito do bem-estar sexual. [Si, siguiendo al filósofo Slavoj Zizek, lo que define la cultura capitalista actual ya no es la represión si no más bien el imperativo de gozar, la explosión económica brasilera sería responsable del repositorio mundial del placer… Pero antes de lanzarnos a especular, más vale conocer la historia.]
A história oculta do prazer ganha vida através de suas fontes: o poeta Gregório de Matos (1636-1695), que cantou os baixos instintos no século 17, periódicos de época, romances e crônicas.
"Histórias Íntimas" abrange desde a época em que o sexo feminino era conhecido como "porta do diabo" até as primeiras cirurgias de transformação sexual em 1979.Descreve o estilo imperial do adultério no século 19 e recupera a pré-história do pornô carioca (belas ilustrações incluídas), com anedotas e imagens que põem a nu a idiossincrasia (e hipocrisia) das épocas.
Em um exercício de voyeurismo erudito, o livro rastreia os hábitos da transgressão e a norma: o lugar onde a prática privada se torna política e onde a "normalidade" entra em disputa.
Perspectiva privilegiada, a história da intimidade mostra o amoldamento dos processos civilizatórios em sua convenção e violência. Se bem que, nesta história, as batalhas sejam escritas debaixo dos lençóis.
Mary del Priore narra uma história apaixonante e reflexiva: mostra como o avanço da colonização marcou diretamente a opressão da mulher através de camadas sucessivas de misoginia e racismo, interpelando o presente. Porque falar do passado pode fazer o presente estremecer: há apenas 30 anos, um homem podia assassinar sua mulher alegando que foi "em legítima defesa da honra" e sair aplaudido.
Essas guerras íntimas têm suas próprias heroínas épicas, embora silenciosas. À medida que vamos passando pelas páginas, avançamos como que abrindo caminho, pouco a pouco, em meio à folhagem da densa selva da história para descobrir, penteando seus cabelos nos rios, as Vênus do Brasil.
(para los no iniciados en los arcanos de las religiones populares brasileras, ésta es la Mulher Melancia, vestal de la Igreja de la Danca do Creu -muitos cariocas rezam lá!)Tuesday, May 10, 2011
Thursday, January 20, 2011
Tuesday, August 24, 2010
Tuesday, August 10, 2010
I love the asbestus in the morning
me despierto y camino hacia el hangar
en nasa estamos under federal law. atravesar las vallas can ge you courtmartialed. los autos de la policía patrullan de noche
las telas de araña se propagan entre los arbustos
Friday, July 2, 2010
Wir haben den innen
by Rob Hugues for The New York Times
Dear Diego: It is high time that we critics say sorry, and thank you.
We misjudged your appointment as coach. We believed that Julio Grondona, the 78-year-old president of Argentina’s soccer federation, had lost all sense of reason in asking you, a fading icon without a coaching badge, to pick up a broken national team and lead it through this World Cup.
Well, so much for so-called expertise.
Whatever happens between Argentina and Germany in Cape Town on Saturday, your team has been the joy of this tournament. (sigue)
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ohh gloria y loor, en el mundial más raro, maravilloso y sudado, sudamericano, gracias a la magia y la presencia nobilísima del Diego, cuya radiación dionisíaca vuela y magnifica al resto de los héroes. Diegote, que no nació Dios, ha venido a demostrar -y defender- su divinidad entre los seres humanos, en el juego trascendente de las naciones vestidas de animales. Todos los #ARG están elevados moralmente. Los taxistas son amables, te cambian cien. Exaltar lo admirable hace a las personas más hermosas; y a los taxistas, personas. Además, la sensación de la justicia emergiendo mesiánica, en el castigo a los no creyentes, brinda un halo todavía más profundo a esa belleza compartida. El fútbol nunca fue secular; se compone de cismas violentos, de líderes religiosos, y fe. Pero Dios, siempre hubo uno solo. Los otros, apenas son pastores, o evangelistas roñosos. Así Pelé faló de mais, y Hitler también (pero de miedo):
Ahora, a hinchar por Uruguay!!!! :D
Sunday, June 20, 2010
Los reyes de la comedia
n números descabellados y payasadas mediáticas, usted deshonra las camisas blancas que lleva. Intimo de poderosos, bañado desde la infancia en una riqueza obscena, es emblemático de lo que revistas de baja estofa siguen llamando la izquierda caviar. Filósofo sin pensamiento, pero no sin amistades, es además el autor de la peor película del cine”. Su partenaire estelar y receptor del fuego es Bernard-Henri Lévy, pensador glamoroso, activista serial y compinche de Ségolène Royal; el lector puede empezar a mecerse en las suaves ondas del desprecio ajeno (es la ley del espectáculo), porque la justicia de la comedia no difiere de la del intelectual. Porque inmediatamente, Michel la emprende contra sí mismo, con un autorretrato calcado de los topoi clásicos del vituperio troll contra su ser: “Nihilista, reaccionario, cínico, racista y misógino: sería hacerme un honor excesivo encasillarme en la poco apetitosa familia de los anarquistas de derecha; fundamentalmente, soy sólo un patán. Autor insulso, accedí a la notoriedad literaria gracias únicamente a la falta de gusto cometida por críticos desorientados años atrás. Desde entonces, mis provocaciones han acabado cansando.” El otro intentará doblegar al cinturón negro de la malicia: ¡Lo ha dicho todo! Su mediocridad, mi nulidad. ¿Y por qué iba a seguirle en su gusto manifiesto por la autodestrucción fulminante?
Cenando en el Ritz de París, Houellebecq y BHL (como se conoce a Bernard-Henri Lévy) pactaron el match feroz que concluyó en este volumen: el intercambio de 28 mails durante seis meses que compone Enemigos Públicos (Anagrama), f
irmando como Dillingers de la pluma su incursión en el género epistolar de la filosofía moral de cepa ácida francesa. Michel fue llevado a juicio por sus comentarios contra el Islam, fue objeto de siniestras investigaciones periodísticas y ruines biografías, y acabó dejando Francia para vivir recluido en Irlanda; BHL, al ritmo que multiplica sus intervenciones ensayísticas sobre geopolítica, es pasto constante del run-rún de Internet, generando odios y parodias no tan diferentes a la marea roja que atrae una Britney Spears en la cima de su popularidad adversa, al punto que tuvieron que suprimir los comentarios en Libération por su explosividad antisemita (Ségolène misma lo defendió en The Huffington Post). “Todo, se diría, nos separa, excepto que ambos somos individuos bastante despreciables”. Con la totalidad de la audiencia (la del odio y del amor) cautiva, Houellebecq y BHL toman la arena en un flamígero ping-pong de inspirados monólogos y buenas dosis de slapstick de salón.
Batman y Robin contra los trolls
Los intelectuales son como la mafia: sólo se matan entre ellos, sentenció Woody Allen, pero en el caso de Houellebecq y BHL, viven en un pantano de parásitos ajeno al código de honor de
los delincuentes. “¿Por qué tanto odio? ¿Por qué, cuando se trata de escritores, tiene una virulencia tan extrema?”, se pregunta BHL, que desde los 70s frecuenta conflictos armados en distintas partes del mundo. Flota alrededor de usted un olor a linchamiento, observa Houellebecq. Son cómplices en sentirse acechados por una jauría hambrienta.
“Busco con obstinación, con encarnizamiento, lo que puede haber en mi persona de peor para depositarlo, todo bullicioso, a los pies del público”, dice Houellebecq, revelando la condición del bufón dispuesto a entretener. En La posibilidad de una isla, su última novela publicada, el alter ego de Houellebecq es un comediante, encarnando irónicamente la confusión entre autor y narrador que lo convirtió en el Rushdie francés (Rushdie, por su parte, cree que esta desficcionalización ocurre por el excesivo culto a la personalidad del siglo XX). El lugar preeminente de Houellebecq en la literatura francesa siempre ha estado al servicio no de recibir los elogios, sino de devolverlos en forma de insulto; por ejemplo, en la ocasión de recibir un premio, declaró que su único aporte a la literatura francesa era el uso correcto del punto y coma. Entre los dos repasan la prestigiosa galería del intelectual perseguido por sus contemporáneos: Baudelaire yendo contra Francia y la humanidad; Cocteau, que no
puede terminar de ver una película suya porque lo esperan a la salida del cine para pegarle, y Rousseau, que sí proyectó entregarse por completo a la soberana voluntad de sus lectores, y sucumbió al encierro de la paranoia. El odio que genero es sólo comparable al caso de Rousseau, cuantifica en lontananza Michel; me atacan más que a Sartre, se queja divinamente BHL. Pero algo parece haber cambiado desde la época de las cazas de brujas legendarias, porque ahora el pacto diabólico con la posteridad ha dado a luz una nueva minoría en desgracia. En ese sentido, puede leerse Enemigos Públicos como un documento etnográfico sumamente original: ambos pertenecen a una nueva minoría en la semiclandestinidad: escritores marcados por la histeria contemporánea de la cultura celebrity.
BHL propone encarar el deseo de infamia del escritor: “Siempre he tenido esa tentación (aun más indolente, obscena, exhibicionista, extemporánea, pero le digo la verdad) de hacer lo que no hacen los demás, o si lo hacen, de hacerlo de una forma que es exclusiva mía. Me gusta ir a hacer la revolución en Bangladesh cuando mis camaradas creían, en 1971, que la revolución se estaba haciendo en París.” Momentos de sincera camaradería, como solo puede brindar el abrazo común de la minorías que se saben víctimas, los llevan a visitar los corolarios del odio con fascinante efusividad: recomienda BHL que a los biógrafos intempestivos “hay que amenazarlos en su integridad física, se lo aseguro, y no joden más”, animando a la acción a un Houellebecq que se reconoce amenazado, en su misantropía, por la tentación de encerrarse amargamente a despreciar a la humanidad. BHL acusa el tipo de intelectual de Voltaire y por eso, “para conocer las posiciones del rival”, se googlea todo el tiempo; Houellebecq, por su parte, ha desactivado hasta las alertas con su nombre (“he renunciado a contar a mis enemigos”). La energía positivita de BHL goza de un “ego garantizado ignífugo, blindado, frente a los ataques” que le permite romantizar la guerra del escritor contra el mundo a la manera de los dandies del Antiguo Régimen: “Vivir y morir con las armas en la mano… en la guerra como en la guerra, al estilo del gran Valmont.” Por momentos, la conversión del odio en amor propio es la versión high-brow de un libro de autoayuda para intelectuales.
Mientras BHL crece en proyecciones épicas, es un placer leer al autor de encantadoras roman a thèse como Las partículas elementales y otras comedias negras oscuramente
románticas (¿qué es sino la piedad ante la especie?), correr por laterales a BHL. “En el fondo, querido Bernard Henri Levy, ¿por qué es un intelectual comprometido? Si ha podido contármelo es porque intuye que soy de los pocos que no lo verán ridículo por eso (es que a mí casi nada me parece ridículo)”, aprieta Houellebecq. El fair play de BHL tiene un efecto interesante en Houellebecq: a fuerza de jugar al caballero del duelo, lo conduce a una exposición madurada que revela una ética intelectual siempre consistente, aunque discutible desde la perspectiva de la moral ciudadana. “Yo pago, religiosamente, esos malditos impuestos; pero, porqué? ¿Por virtud, por civismo? ¿O será porque, seamos francos, no me atrevo, no tengo la jeta que usted y estaría mal visto, con toda la pasta que gano con mi preocupación por la especie humana?”, le espeta al autor de Plataforma, que se niega a pagar impuestos en Francia y ha optado por la expatriación fiscal. Hace sus mejores jugadas poniendo en contexto erudito las opiniones de Michel, prácticamente lo reta en su manipulación de las fuentes filosóficas y lo persigue por su uso reprobable de una famosa sentencia de Goethe. El idealismo verboso de BHL despunta en algunas páginas de intensidad filosófica, como la examinación de las ventajas del relato de la Biblia sobre el epicureísimo atomista (“es que me tomo en serio al autor de las Partículas elementales”, foguea), pero sus momentos más graciosos son cuando se enoja, y no puede parar de aliterar (“Detesto que usted haga suya esa frase; la detesto a causa de Barrès, la detesto a causa de Dreyfuss, la…). Con algunos zapatazos pero respetando la armonía del vals, los dos pasan por grandes hits de la cultura moderna, de Schopenhauer y Baudelaire a Spinoza y Pascal (“la urgencia rock’n roll de Pascal”), Rusia y la violencia del espiritualismo, el judaísimo y el grillete de la fama que impide asistir a lecturas de poesía, Céline y el secreto poético de sus padres, y por qué escriben.
Los enemigos públicos están de acuerdo en lo fundamental:
el paradigma de atracción y violencia asombrosa que hace a los amores de Francia con sus intelectuales, la bastardía de la prensa cultural y el amor, absoluto, a los libros. La guerra interna es el duelo entre el pesimismo de la inteligencia (Michel) y el optimismo de la acción (Bernard-Henri); las respuestas y elaboraciones de cada uno ante el horror del mundo. No es necesario exagerar una discusión exhaustiva, porque ninguno pretende reducir el argumento del otro al suyo, y porque en la sintaxis de las prosas está la mayor distancia. En alguna parte, Houellebecq escribe: “Creo que acabo de demostrar que yo también podía ser sentencioso / grandilocuente / sincero (táchese lo que no corresponda).
El mundo real vs. el mundo del arte
Como en el Dante, la comedia incluye al infierno. Eventualmente, el festival de sarcasmos y egomanía, combinado con ajedrez (BHL escribe bellamente sobre este arte y Duchamp), muta en la realización del horror. Una parte de la correspondencia coincide con la aparición de la madre de Houellebecq como fenómeno mediático aliado con los medios culturales, sus archienemigos.
Lucie Ceccaldi, su madre, promocionaba su propia biografía (La inocente) con revelaciones sobre él y dedicándose a llamarlo “un bastardo imbécil” en todo micrófono abierto. Ceccaldi abandonó a su hijo Michel cuando él era un bebé al cuidado de su abuela; cuarenta años después, alcanzó cierta notoriedad como una de las madres más malignas de la literatura (“Ceccaldi”, en Las partículas elementales) y ahora venía al mundo real a contar “la verdadera historia”. El episodio le valió a Houellebecq una tregua de piedad entre sus detractores, algo azorados ante la ostentación de maldad de esta señora. En las entrevistas, después de hablar mal de su hijo, la mujer se quejaba de que había venido a hablar de sí misma, porque estaba harta de hablar de él. BHL consuela a su amigo, que se entrega a un diálogo sincero.
Houellebecq había escrito contra la resistencia del mundo a la ficción –la manera en la que el mundo se defiende ante libros que “realizan” su promesa dentro del mundo, y lo invaden volviéndose reales dentro de él. Según él, hay una guerra entre el arte y el mundo real, donde el mundo estaría defendiéndose con su obsesión por lo real: “Después de la resonante publicación de Las partículas elementales, yo estaba dentro del engranaje; y también me había convertido en el hombre al que abatir. Al principio las cosas siguieron su curso más o menos tranquilo, en manos de carrozas más o menos civilizadas; no trascendieron del marco de la polémica literaria, pero yo no tardaría en conocer algo mucho peor”, comenta el más depresivo, que empieza a rumiar con los intentos del mundo de que deje de escribir y se suicide. BHL lo alienta: nosotros prevaleceremos; deambula la idea de que funcionan como mártires para dar con el diagnóstico de época. “Cuando un país es fuerte y está seguro de sí mismo, acepta sin rechistar cualquier dosis de pesimismo administrado por sus escritores. A la Francia de los 2000 le cuesta tolerar a tipos como yo”, escribe Houellebecq. La buddie movie contra los trolls toca su fin, aunque uno quisiera que las revelaciones no cesaran en sus contrapuntos deliciosos (mientras Houellebecq pondera la poesía como la máxima escritura, considerando la novela como un género menor,
BHL hace revelaciones de una potencia sexual que sólo compite con la energía de su prosa: “escribo porque no se puede hacer el amor todo el tiempo, y como no puedo hacer el amor todo el tiempo, escribo”.) El proceso de degradación de los valores es irreparable: las masas neoconservadoras de Internet participan de la disolución completa de una empatía verdadera: todo el mundo observa como normal la carroña impune que se hace de otros: lo novela (que es el business) triunfa, mientras la poesía se hunde. Una idea parece salvar a los comediantes de los círculos eternos: la intuición de BHL de la carga positiva de la infamia, que es “la desinformación, el arte supremo, gideano, del monedero falso, de resistirse a la exhortación universal a ser uno mismo, ir contra el mandamiento de época”.
Wednesday, June 9, 2010
I see fanzines

leo lápiz en mano las fotocopias de Jacob Taubes que nos dejó el Uno y Trino -occidental eschatology- y me lo imagino -al texto, no al Altísimo- como un fanzine ilustrado a la manera del Génesis de Philip K. Dick por Robert Crumb, y no tanto por andar releyendo Dick sino por las historietas del diario íntimo de Mariano Dorr (y su inmanencia de dicks?). ilustrado por María Giuffra, me lo llevé anoche de confesionario, es pegajoso y excelente.
Friday, June 4, 2010
Ipads y delfines
cia sin Flash porque el líder religioso de Apple apostó a que Flash será pronto una tecnología obsoleta, i.e. él se está encargando de volverla obsoleta, mientras obliga al contenido de las revistas para ipad a parecer versiones ligeramente más coquetas de los CD-ROMS de los 90!! Sí, Cd-Roms, esas tecnologías obsoletas que se limitaban a contener páginas de texto plano sin animación ni movimiento.Pero además de contar con el departamento de PR más poderoso del mundo (después de los suicidios en la maquiladora de Foxconn, la prensa estuvo publicando que en realidad la tasa de suicidios en Foxconn es inferior al resto de China cuando, además de las denuncias de golpes y malos tratos y paga en Foxconn, justo esa semana había salido una versión trucha de iphone con android... oh, el castigo divino de Jobs aguardaba a esos pecadores), apelaron al argumento de venta más imbatible del mundo: DELFINES.
los delfines usan ipads. es más: los ipads serían la interface humano-delfín para lograr un puente entre nuestras especies. y si a los delfines les gustan, caso cerrado; no hay nada más aspiracional que un delfín. hail Steve
Sunday, May 2, 2010
Peregrinación y política genital

LA PEREGRINACIÓN 2
Pinturas de Helena Tabbita
Inaugura el jueves 6 de mayo, a las 20hs.
curador: Sebastián Freire
casaBrandon
Luís María Drago 236
Thursday, February 25, 2010
Tuesday, December 15, 2009
Serie Alemana
Después de "La tiranía de los valores", de Carl Schmitt, llega "El asesinato de Dios y otros escritos políticos", de Eric Voegelin (1901-1985), con prólogo de Peter Opitz.Que el hombre se haga cargo del ser en el ámbito de lo que está a su disposición exige suprimir a la vez el origen trascendental de aquel -requiere la decapitación del ser, el asesinato de Dios-. Eric Voegelin indaga las raíces y los efectos políticos de lo que él señala como el rasgo esencial de la modernidad: la voluntad de inmanencia. Luego de rastrear ese elemento hasta las sectas gnósticas de la Antigüedad, Voegelin sostiene que su correlato no es una posición que niega a Dios, sino la propuesta de incorporar la sustancia de lo trascendente en el hombre: "la reapropiación de Dios por el hombre tiene por resultado, tal como en los antiguos sectarios, la creación de un tipo humano que pretende estar más allá de los lazos y obligaciones institucionales".
Saturday, October 3, 2009
Epístola ad realistas
por Pola Oloixarac
Es un honor para mí participar en esta presentación de los Cuentos Completos de Fogwill, que, junto con las recientes reediciones de su obra, representa una nueva fase avanzada del proceso de canonización de Fogwill, escritor maldito entre malditos, dueño y señor a un tiempo de una prosa limpia, fogosa y dura, dueño también, según los comentaristas más avezados, de una inteligencia superior que se sabe -por su propia naturaleza supralunar- acusada de inhumanidad. Como los monstruos divinales de antiguo, que exhiben ante el corro de mortales temblorosos las dotes de su majestad brutal, la figura de Fogwill campea entre los vivos y los muertos vivos de la literatura argentina ostentando los atributos bajos de la bestia –la provocación, el desafío- con los atributos divinos de un Fogwill efigie y estandarte de una manera de pensar artísticamente –radicalmente- lo real.
Como todos sabemos, al menos aquí en San Isidro, la beatificación es el tercero de los pasos para alcanzar la canonización definitiva (que es el cuarto). Sabeedor en su omnisciencia de este destino que la teología literaria le tenía reservado, ya decía Fogwill hace unos años, en una aparición pública en
otro templo, el Malba, que él había resuelto entregarnos su cuerpo, como otros donan a la Facultad de Medicina el suyo para su disección y estudio: él, Fogwill, nos entregaba su cuerpo para hiciéramos lo que nos diera la gana con él. Y como los cuerpos –también los literarios- se descomponen, a menos que con arrogancia resistan los intentos del tiempo y de la crítica gusana por carcomerlos –como fue el caso ejemplar, entre las de lengua española, de la beata Encarnación Rosales, y de la beata Mariana de Jesús-, y como la canonización no puede completarse sino hasta el advenimiento de la muerte, en lo que sigue hablaremos de la beata Fogwill, y a veces de Fogwill a secas.
En este volumen de cuentos, ustedes van a encontrar no sólo una aventura incandescente, sino también una postulación sobre qué es lo real y lo verdadero en literatura, los rastros de una guerra de trincheras venida de principios de siglo XX, y un tratado de Tordesillas que se reparte el botín de lo real, que es literario.
¿Cuál es la materia de la escritura? La clave está en pensar el realismo como antídoto y pero también como veneno de otro cuerpo literario a envenenar. Si es para ser antídoto, imaginemos que las cosas hechas por el lenguaje irradian esa loca combinación de dar vida a lo que nombran y de ser fieles a la vida misma de donde manan; supongamos que esa certeza basta para sostener que no hay –que no debe haber- un más allá de su escritura misma. ¿Puede nuestra beata negar la existencia del más allá? Sí, puede y lo hace. Porque aquí es cuando el antídoto se convierte en veneno, disparado en cerbatanas sobre otro cuerpo literario: el de la metafísica de divulgación de Jorge Luis Borges, y sus juegos de espejos, su erudición en escena, las citas literarias, y sus herederos. La postura es radical: o se crea y se escribe de cero, con el oído pegado a la boca entreabierta del lenguaje, atento al propio Big Bang; o se comulga con la mentira y se cae en la tentación demoníaca –¡de ser Ricardo Piglia! o algún monstruo peor. La beata Fogwill dice no: no a un espesor que no provenga de una humanidad capaz de emitir sangre, sexo o lágrimas; o la escritura toma su ser de la piel lasciva de las cosas, o se condena a ser jueguitos vanos en la noche de la falsedad.
Esta guerra por las ideas de lo literario, que surge de este realismo apasionado pero crítico, que se apoya en la sustancia del mundo y a la vez no para de examinar el acto mismo de nombrar, resuena en otra batalla escrita: en Ludwig Wittgenstein y su Tractatus, escrito en las trincheras de la 1ra guerra mundial. Wittgenstein escribe que hay un límite de lo que puede decirse, y ese límite se halla dibujado por lo que existe y podemos señalar, oler, percibir; lo otro, el más allá del lenguaje, no puede decirse ni puede escribirse sin caer en error, en metafísica y falsedad. Lo interesante de esta postura, no es tanto cómo les gusta a los dos partir al medio la realidad y jugar al policía kantiano de qué se puede decir y qué no: lo interesante es que ambos comparten, el soldado Wittgenstein y la beata Fogwill, una idea del lenguaje que es profundamente moral.
Porque el mundo, esto que hay alrededor, está tan plagado de irrealidad y de mentira, que sólo puede haber verdad en el lenguaje como nacimiento, como caja de herramientas y finis terrae -se termina el mundo, como llegar a ese lugar donde están las tortugas gigantes que sostienen el mapamundi. En Fogwill, decir «no haya más verdad que la del lenguaje», es decirnos: yo no puedo aceptar su sistema de creencias, yo no puedo aceptar más que el lenguaje, porque yo los he visto. Yo los he visto, recuerda el narrador de Luz Mala, «cuando evitábamos circular frente a las unidades básicas peronistas, porque ahí estaban los negros» y cómo después los mismos que les pegaban a los negros en el Club Náutico se hicieron peronistas; yo los he visto, y me he reído, «porque cuando ella me pregunta por qué río, miento y le respondo que me río de ella, porque si confesase que me río de un país, de una ciudad, de un restaurante y sus mesas semejantes donde todo nos parece natural, o real, ella no me creería, sentiría que la engaño y hasta sería capaz de reiniciar otra de sus escenas de violencia» (en La larga risa de todos estos años). Esa es la acusación moral que nos hace el realismo de Fogwill, que no debemos olvidar. Es una lección urgente, que en Fogwill se torna materia experimental cuando tira abajo la mediación de la literatura y usa sus cerbatanas venenosas afuera de los libros: y entonces su palabra en estado puro –ya sin la contención de la literatura- entra al mundo atravesando ojos y orejas. Porque toda vez que la beata Fogwill se opone al matrimonio entre homosexuales, toda vez que la beata Fogwill se pronuncia en contra del aborto, toda vez que la beata Fogwill coincide con las palabras de Su Excelencia el Cardenal Bergoglio, toda vez que la beata Fogwill denuncia el lobby del Holocausto, toda vez que la beata Fogwill afirma que seguimos viviendo bajo la democracia que nos dieron los milicos, toda vez que la beata Fogwill reclama el regreso de la conscripción obligatoria y mayor presupuesto a las fuerzas armadas, no está meramente mostrándonos sus opiniones; nos está diciendo: ustedes, señoritos de la cultura, no son verdaderos progresistas, porque ni ustedes se creen su progresismo; ustedes, señoras feministas, no son verdaderas feministas; ustedes, señoritos del pensamiento, ¡ni ustedes se creen las verdades que creen avaladas por su mano izquierda! Porque si lo fueran, si lo creyeran, no me dudarían –y es que dentro de la cerbatana, lo que pega en la nuca es el veneno de la duda.
La literatura -santificado sea Su nombre- es un monstruo divino que se arroga construirlo
todo y destruirlo todo y escribe su propia novela al compás de las estrategias de guerra –que otros llaman ideologías y posturas estéticas. Y en la novela maniqueísta de la literatura contemporánea, versión sudamericana de aquella ciudad de dios de San Agustín, hay dos vías, dos agujeros cercanos pero cuyos túneles no se cruzan y que serán elucidados en el día del Juicio Crítico Final, por donde pasa la literatura: en el credo ferviente de nuestra beata, Fogwill es uno, Piglia es el otro. Pero con una condición superadora: que es justamente, la innovación que Fogwill trae sobre su propio sistema wittgensteniano del lenguaje: que si la referencia literaria está y se pone, que si yo traigo algo que «ya era» y ya existía en otro libro, es para hacerla carne de violencia y parodia. Que si me inoculo la palabra ajena, que sea para torcerle el brazo (y así, en Help a él, la violencia fogwilliana sobre Borges en su casa paradigmática: el Aleph); que si vengo a conjurar la palabra de otro, que sea para hacerla escupir otra verdad diferente e impensable, que sea para hacerle decir algo más verdadero que lo que nunca hubiera imaginado.
Monday, June 2, 2008
Misterio en la Avellaneda Hebrea
Tengo un plan en mente y necesito de tu colaboración.
El tema es, mas o menos, así.
En Avellaneda, frente al Cementerio de la ciudad, existe otro cementerio. Este otro cementerio es conocido como "Cementerio Israelita de Avellaneda" y gran parte de los que alguna vez opinaron sobre este tema creen que se trata de:
- Cementerio Israelita con cupo completo, por lo tanto no aceptan más entierros.
- Cementerio Israelita completo y abandonado
- Cementerio Israelita de impuros (vamos acercandonos a la mejor hipotesis)
- Cementerio Israelita de la Zwi Migdal.
Hasta aca todo bien, sólo varias hipotesis para un mismo tema.
La cuestion: todos creen que ese cementerio tiene algo de "impuro", que es un cementerio exclusivo para condenados y cosas por el estilo y esto tiene su razón de ser:
La "Sociedad israelita de socorros mutuos Varsovia" fue el nombre con el cual se instauró en Argentina la Zwi Migdal. Como no eran "amparados" por ninguna organizacion debido a sus "negocios", decidieron comprar terrenos en Avellaneda para crear su propio cementerio.
Mi teoria es que estos terrenos fueron comprados AL LADO DEL CEMENTERIO ISRAELITA DE AVELLANEDA y no se trata del cementerio israelita en sí, sino que es otro, abandonado y saqueado y que queda exactamente al lado de éste, del cual queda muy poco... o demasiado por recorrer.
Gracias a Google Earth, esta teoría se afirma.
Wednesday, May 7, 2008
Chilenos que vieron a Dios
eylandia, la casa del Pato Donald; en Silicon Valley, se peregrina a los headquarters de Apple y al GooglePlex, y ponele que al lab de Yahoo, que me invitaron hoy. En Cupertino, el máximo templo de Apple, había unos chilenos que paseaban en los días posteriores a la Web2.0Expo y filmaban una nota sobre un fondo de edificio Mac. Cuando de pronto...Apareció EL.
EL, la partícula hebrea que es dios en singular y elohim en plural (como sumando el anglo-posesivo him)... EL, con su polera negra, sus anteojitos...
El, Steve Jobs, himself, en persona.Está escrito en Exodo 3,14 que el que es y será no puede decirse ni representarse, y además a Steve no le gustan las fotos; 5mil años después del episodio de la zarza ardiente, Dios activó la torpeza del que operaba la cámara, se la apagó contra su voluntad.

Los chilenos empezaron a persignarse, a temblar. Uno, el más valiente,
caminó hacia él y Dios le habló, le dijo: No photos (naturalmente, no usó la alocución "ea tú" que es común de los interpretadores de la palabra divina porque hablaba sin intermediarios), y el chileno se abalanzó sobre él y antes de caer de rodillas le extendió la mano en saludo, y Steve la tomó, es decir LO TOCÓ, y el chileno giró hacia sus compatriotas MacUsers elevado a un estadío espiritual ultraterreno.En la Web2.0Expo, un lugar invitaba tragos en su office: allí, el password para ingresar al reino del edén Wifi es tipear Steve Jobs is God.
"Boom".
Friday, November 2, 2007
El compás 8 del Requiem K. 626, en Lacrimosa
De las teorías sobre la muerte y la escritura de esta obra, una mantiene que Mozart estuvo cantando y dirigiendo el primer ensayo del Requiem en su lecho de muerte, y murió al llegar a este pasaje --habría muerto en el primer crescendo del Lacrimosa, que es absolutamente extraordinario. Que Mozart cantó la parte de las contraltos (justo debajo del flúo); Schack cantó la voz tenor, Hofer su cuñada (la primera Reina de la Noche!!) cantó la soprano, y Gerle los bajos.

Según esta versión esta escena se detiene (Mozart muere) al cabo de los primeros compases de la Lacrimosa. Esto es bastante improbable; se duda de que Mozart pudiera dirigir y cantar horas antes de morir, su enfermedad estaba avanzada y el relato corresponde a una anéccota contada por la hermana de su esposa, que quizás quería validar la autoría completa (o lo más completa posible) de Mozart. La otra teoría es que sí que llegó a escribir hasta este compás 8 y, si en medio de la fiebre continuó pensando música, no podamos escucharla jamás. Logró terminar con el Introito, Kyrie, Dies Irae, Hostias, Confutatis, le faltaban partes de orquestación en la mitad para adelante; dejó notas, y luego Susmayer y Eybler heredaron las notas para terminar la obra.
Lacrimosa, estudiada de cerca, se vuelve mucho más cantabile a partir del compás 9 (lo que es un signo no trivial de escritura trivial en el contexto del Requiem, que abunda en rarezas musicales diseñadas específicamente para una línea vocal ultradramática e inusual para la época); en el compás 22, repite exactamente la línea musical del inicio del Lacrimosa sólo que con otra letra --algo que comienza a ocurrir en el Requiem a partir del Domine Jesu y el Hostias, pero mucho más evidente en Agnus Dei y Communio, que repite el Kyrie.
Ninguna versión online del Lacrimosa me convence; pero ya postearé la nuestra!! Aquí el Dies Irae, dirigido magistralmente -y con saltitos- por Lenny Bernstein:
Abajo, en la partitura, he anotado: "Creo en la importancia de las notas largas", corolario secular del mantra Creo en Dios Todopoderoso / Creo en Wolfgang Amadeus Mozart, que es inmortal.
