Thursday, January 6, 2011

Anonymous

por Pola Oloixarac para Quimera

En su novela Matadero Cinco (1969), el autor norteamericano Kurt Vonnegut desaconsejaba la mezcla de teléfonos y alcohol. Por ese entonces, la telefónica Bell, personaje de la novela, era una potencia industrial, que se desvanecería irremediablemente con la llegada de otro tipo de sistemas transmisores adictivos, algunas décadas después. En Vonnegut todavía arden las palabras de Robert Oppenheimer, que ve a su hija la bomba pop de Hiroshima estallar contra la noche del mundo -en el desierto, en bambalinas- y cita de memoria al Bhagavad Gita: “Ahora me convierto en Muerte, el destructor de mundos”. (A Robert le gustaba la poesía: bautizó el primer test nuclear según un verso de John Donne). Cuando Vonnegut tipeaba, no podía preverse un presente juguetón venido de mezclar tecnología y juventud. Entonces, la hora de la técnica era trágica; la utopía piadosa todavía habitaba la tierra, y en los cables corría la ciencia ficción.

Hablando de ciencia ficción: pasé un mes de verano en la base militar de NASA en Moffett Field, California. Era hermoso, ballardiano: nos despertábamos junto a un hangar alambrado, por todos lados había carteles PROYECTOS ESPECIALES // ZONA PROHIBIDA y de noche nos rondaban las patrullas, estábamos bajo Ley Marcial. Dormíamos en edificios de asbesto, hechos en 1950, con paredes debidamente cancerígenas; a veces, al despertar, nos dolía la garganta de respirar o teníamos ráfagas de alergias, nos mostrábamos orgullosos las heridas. Mi dieta social consistía en una aristocracia nerd de todas partes del mundo y militares con uniforme modelo Afghanistán (beige pixelado más clarito que Irak). En NASA, aprendí algo conmovedor sobre satélites. La órbita baja de la tierra no sólo está llena de basura espacial de los años 70 y 80. La mayoría de los satélites son tecnológicamente caducos prácticamente al momento de abandonar la Tierra: tu móvil está entre 5 y10 años más avanzado en capacidades y conectividad que los cuerpos metálicos que rodean la tierra. Esto es porque los tests para enviar algo ahí arriba son tan costosos, y las regulaciones tan complicadas, que la industria entera se ve dominada por conductas que evitan el riesgo, con una tasa de innovación bajísima. Esto era verdadero para los satélites, y también para las teorías críticas que orbitan en torno al Planeta Literatura. La crítica mantiene enormes aparatos construidos con tecnología de la década del 70 y 80. Esto supone una ventaja considerable para los teclados interesados en explotar las vulnerabilidades de su arquitectura.


En la autopista a San Francisco, escuchamos hip hop de negros racistas contra sí mismos. “Make it real”; ellos también son ballardianos. ¿Qué pasa si le hacemos cosas a los signos? En Moffet Field la novela avanza sobre el mundo más rápido que en otras zonas -es vecino
a Mountain View, donde se cuecen los experimentos literarios de la política global. Google está al comando de los signos de la novela social más ambiciosa de la historia, con más personajes que una novela rusa -porque incluye a todos los rusos y también a los que s
on novelistas, y al resto. Fuera de nuestro control, ya somos los personajes que llenan los casilleros de la representación (aunque la palabra correcta es “interpretación”, en su definición de lenguaje formal: adjudicar valor a una variable). Si la novela de Google es el nuevo género de la objetividad, que indexa todas las interacciones y las conserva... la novela humana podría ser una forma de rootkit, un software clandestino que permite acceder a un sistema, y controlarlo, escondiendo su presencia, con vistas a subvertir el sistema operativo general. Estamos en un momento interesante de la evolución de esa novela. “Anonymous”, que ya era la furia justiciera que pululaba Internet, es el grupo de choque: Anonymous es todo el que se sustrae de la narrativa de la Gran Contra-Novela, que avanza indexándolo todo para un lector hipotético (¿qué es lo “real” que busca él cuando lee?).

Anonymous se dedica, entre otras cosas, a hacer caer los servidores de los que actúan como esbirros de un régimen totalitario: cuando los servidores caen, Anonymous los devuelve a su naturaleza etimológica de esclavos. Por eso, amiguitos, participemos humildemente de la literatura universal contemporánea ejecutando el siguiente cañoncito en órbita baja. Se llama LOIC -low orbit ion cannon- y sirve para hacer caer servidores de banderas enemigas si lo transmitimos en plural. Yo, tú, él: todas las Personas Gramaticales. ¡Feliz 2011!
- Ir al site de AnonOps para buscar el nuevo target
- Bajarse la herramienta de DDoS - LOIC -http://sourceforge.net/projects/loic/
- Configurar LOIC en modo Hive Mind para conectarse a un IRC (tipo de chat)
- El ataque comienza simultáneamente, cuando los nodos en el botnet reciben el comando del IRC

(durante 2011 voy a estar escribiendo una columna en la revista Quimera de Barcelona, ésta es la primera)

4 comments:

Iulian Maio said...

Un beso

Hernán Dardes said...

Hice lo que no se debe, leí apurado. Así que vuelvo, pero no quiero dejar de darle la bienvenida a la columna.

Anonymous said...

Regálame por favor otro pasaje como el de la presentación del film de la pequeña Kamtchowsky por el "ave lacanomonacal" (pp. 262-263 de la edición española). Oh, please, Pola, do it..
Lloré de risa, lloré.

Ricardo Luis said...

¿Qué es lo “real” que busca él cuando lee?

La realidad es él, que escribe sobre ella y lee las letras sin palabras del destino, tras el tiempo de la vida que no vuelve.
Yañez el lusitano.