Saturday, November 1, 2008

El capitalismo nerd y la nueva cultura de negocios

por Pola Oloixarac para Brando

Todas las épocas tienen una industria y un héroe que las caracteriza. En Rojo y Negro, Stendhal pone en escena la fascinación que Napoleón ejercía en los jóvenes ambiciosos del XIX; en American Psycho, de Bret Easton Ellis, el teatro es la sociedad triunfal del capitalismo reaganista y su héroe, Patrick Bateman, es su encarnación diabólica. Los héroes cambian según cambian los modos de acumulación de capital: en la época de Stendhal, la forma de acumular riqueza era la guerra; en American Psycho, la especulación financiera de los 80s.

¿Pero cómo se volvieron los nerds los héroes de nuestra época? No basta con señalar las trayectorias de Bill Gates (demiurgo de Microsoft) y Steve Jobs (guía espiritual y CEO de Apple), o comentar el origen digital de los miles de millones que ya acumulan los fundadores de Google, Larry y Sergei. El ascenso al estrellato de los nerds tiene que ver con un cambio cultural que no sólo proviene de la obsesión creciente con la tecnología, o con el impacto de Internet en nuestras vidas: es un fenómeno que viene gestándose a partir del apogeo del capitalismo más salvaje, en los 80s.

Hasta el estreno de La Venganza de los Nerds, en 1984, la idea de un héroe nerd era impensable. Ser nerd no se elegía: ser nerd era algo que se sufría. El nerd era el animal omega del campo de batalla escolar. Aislados, anteojudos, objeto de burla constante, los nerds eran algo así como la clase oprimida por los chicos populares (bellos, deportistas, típicos machos alfa) y la Venganza de los Nerds ponía en escena la rebelión de estos nerds contra los chicos populares, los que tenían el poder. Emplazadas en mundos juveniles, La Venganza… y sus secuelas contaban una versión pop de la lucha de clases, donde el nerd, el pequeño experto en computación, se alzaba con la conquista de un objeto de deseo tan idealizado como concreto: las chicas lindas.

Estamos en el año 1984. En el aviso de Apple titulado “1984”, el más caro de la historia en su momento, una chica con shortcitos naranjas irrumpe en un mundo gris habitado por autómatas. Perseguida por fuerzas policíacas, la chica hace estallar la pantalla donde habla, gigante, la cara de Big Brother. En la fantasía publicitaria de Apple, IBM encarnaba el estado fascista descripto por George Orwell en su novela “1984”: la cara del monopolio, del capitalismo alienante que había que detener. Era la primera vez que una computadora (Macintosh) empleaba argumentos ideológicos para competir con otra (IBM). Por entonces el sobrenombre de IBM era “Big Blue”: las mismas iniciales de Big Brother, el mismo poderío totalizante.

Comenzaba a darse un cambio cultural: el ascenso del héroe nerd, con su rebeldía al status quo y su rechazo a los monopolios (al monopolio de IBM sobre el mercado de la computación, al de los chicos populares sobre el mercado sexual), se combinó fácilmente con el discurso crítico del capitalismo que habían ensayado las utopías de los sesenta. Estas utopías, que se suponían derrotadas por no haber encontrado triunfos políticos duraderos, se volvieron esenciales para la mejora de imagen que necesitaba con urgencia el capitalismo. Cada vez más, el vocabulario del management incorporó valores que no figuraban en el horizonte del trabajador típico del siglo XX, y sí en la agenda de artistas e idealistas: creatividad, iniciativa, autonomía personal, más libertad, menos jerarquías, más flexibilidad, rechazo al trabajo como alienación, el trabajo como realización personal.

Surge una nueva cultura de negocios; en ella, la venganza de los nerds contra el viejo capitalismo es imprimirle el tono afectivo de su propio crecimiento. Pensemos sino en el lema empresarial de Google: Don’t be evil (no seas malo). Es una versión del capitalismo que sólo podría venir de padres progres.

El nerd nativo

De este lado del mundo, en los últimos años se ha instalado una convicción: que existe una oportunidad para desarrollar una industria de software capaz de posicionar a la Argentina en el mapa de la tecnología mundial. El país cuenta con una de las fuerzas de trabajo mejor educadas de Latinoamérica y gran espíritu emprendedor: en la época de las puntocom, casi un 70% de los proyectos latinoamericanos fueron argentinos. Hay un mercado global de software en crecimiento explosivo, con un potencial de un retorno altísimo para las inversiones; el cambio actual beneficia las exportaciones, y la creación reciente de un ministerio de Ciencia y Tecnología parece ser otro guiño a favor. Con los pasos adecuados, el perfil productivo tradicional del país podría sufrir una revolución de la mano de una avanzada de nerds expertos en tecnología.

El entusiasmo ya cuenta con un puñado de éxitos resonantes. Mientras las puntocom se hundían en la debacle, comenzaba la historia menos conocida de las compañías que apostaron a la base tecnológica del software. En 1999, Emilio López-Gabeiras y Félix Racca fundaron Fuego Technologies, compañía de software para empresas que se vendió en 87 millones de dólares; en 1997, cinco hackers legendarios armaron Core Security Technologies, que con clientes como la NASA, Microsoft y Google, entre otros, factura millones de dólares al año y es líder en el espacio supercompetitivo de la seguridad informática. Fuego se estableció en Dallas, Core en Boston: los dos mantenían sus propios equipos de ingenieros en Buenos Aires y promovieron culturas de empresas inéditas en Argentina, con flexibilidad de horarios, jeans y zapatillas, tenencia de capital accionario de los empleados y énfasis en la investigación. Por esos años, Esteban Sosnik se puso a la cabeza de Wanako, una compañía de videojuegos para Xbox, que Vivendi compró en 2006 por una suma sustanciosa.

La nueva camada de emprendedores va por el espacio de los videojuegos, Internet, empresas web2.0 y aplicaciones de software de inteligencia artificial. Además de proyectos, ya tienen su propio distrito: Palermo Valley. Primo púber de Silicon Valley, el último Palermo nuclea a la comunidad de programadores, diseñadores, bloggers, entrepreneurs e inversores de Buenos Aires. Si en los noventa las puntocom eran aventuras de egresados de escuelas de negocios, la población veinteañera de Palermo Valley creció con la tecnología y con Internet. “Somos mucho más nerds, con más conciencia de la tecnología”, acota Santiago Siri, el iniciador de la movida que ya nuclea a varios cientos de geeks.

Adolescentes en la Argentina menemista, crecieron jugando con la Commodore 64, el Atari, explicándole a sus padres cómo usar sus celulares y navegar en Internet. Acostumbrados a la inundación de productos tecnológicos que se volvió masiva para las clases medias en los noventa, tuvieron un acceso prácticamente ilimitado a toneladas de cultura pop, gadgets (y pornografía): el deseo incentivó su conocimiento. Poco a poco, el triunfo de los nerds se cristalizó en un orgullo de pertenencia. Empiezan a llamarse a sí mismos geeks, sibaritas de la tecnología, consumistas confesos, dependientes afectivos de sus computadoras, desprejuiciados y celosos de su libertad.

Los eventos de Palermo Valley se hacen una vez al mes en distintos bares del barrio y alrededores. En las horas pico pueden verse más de 400, con una mayoría masculina que ya empieza a atraer a las chicas que vienen a la caza de geeks. Se escuchan cosas como “Antes, los chicos se juntaban para hacer bandas de rock; ahora, arman startups de Internet”. La web2.0, la nueva ola de Internet motorizada por el contenido de usuarios, les dio una confianza en el poder de la red que deja atrás las antiguas modas individualistas. La prioridad es conocerse, compartir experiencias y hacer lo que les gusta, y en segundo lugar, ganar buen dinero con eso. No son poses, sino creencias reales. Reina la sensación maravillosa de quienes crean grandes cosas, y creen en ellas. No ponen en duda el valor del dinero ni el juego del capitalismo; para ellos, “la revolución será monetizada, o no será”.

El desafío del modelo

En otros lugares del mundo, la industria del software ha llegado a transformar las economías nacionales. Israel pasó de ser un líder exportador de cítricos a ser uno de los actores claves de la industria del conocimiento. Allí, la demanda de tecnología militar (y un plan de educación sostenido durante treinta años) creó no sólo un ejército de ingenieros excepcionales, sino una industria civil con un volumen multimillonario en exportaciones hi-tech y un mercado interno en expansión. Desde el inicio, el modelo israelí fue plantar oficinas en Estados Unidos y vender productos de alto valor agregado. India, en cambio, se inició en la industria del software como fuerza de trabajo remota, vendiendo horas-hombre de trabajo. Tenía con qué: en India se reciben unos 700.000 ingenieros informáticos por año (cifra que supera varias veces la cantidad total de ingenieros recibidos en Argentina). Con todo, en los últimos años India está cambiando su modelo y sale a competir con software de altísimo valor agregado: su Zoho es una especie de Office gratuito cuyos competidores son nada menos que Microsoft y Google.

¿Cuál es el modelo argentino? Parece haber dos opciones: convertirse en un país que ofrece horas-hombre (la fuerza bruta del software), o apostar a la creación de productos propios de alto potencial de crecimiento. Detrás de estas dos opciones, hay dos modelos de universidad en pugna: uno que busca adaptar los programas universitarios al llamado de la industria, y otro que quiere seguir privilegiando la investigación, pero buscando transformar el conocimiento en riqueza y productividad. El primero nivela hacia abajo, porque en el largo plazo sólo aspira a brindar mano de obra barata para compañías extranjeras; el otro, podría desarrollar una economía del conocimiento en Argentina. Elegir un modelo de desarrollo, y atenerse a él, implica cambiar las reglas del juego argentino. Dejar de ser el lugar donde se consigue el desarrollo barato, la materia prima, el commodity que conviene cuando el cambio es favorable, y apostar a las ideas y la creatividad nativas.

¿Podrá la Argentina pasar de un modelo productivo del siglo XIX, como el agropecuario, a un modelo de negocios que se integre a la economía del conocimiento? Las últimas versiones de la utopía apuestan a que sí. No existe aún en el mundo, y tampoco en la Argentina, la gran novela de la época: pero sí existe, quizás, su héroe.

15 comments:

pretty printing said...

srta., muy linda nota.

nunca se me hubiera ocurrido comparar a los personajes de stendhal con los jóvenes emprendedores que aspiran a cambiar las reglas del juego desde los cybers de burzaco y berazatgui.

lo que me pregunto con respecto al modelo de industria es si el caldo de virilidad informática de palermo valley tiene una relación estrecha con las carreras de ingeniería de la universidad (me imagino que los 700mil code-monkeys anuales de la india sí tienen esa relación); y si los dos modelos no pueden complementarse.

te lo pregunto prque en un terreno comparable como el de la industria de la traducción la situación es confusa, el trabajo-basura remoto barato convive con una formación universitaria anquilosada y contraproducente. mi sensación es que los proyectos que pueden torcer la relación de fuerzas tienen que salir de otro espacio, en los dos casos.

saludos
pp

srta.pola said...

dear pp,

sin duda, no hay un tubo que conecta el ejemplo Palermo valley con la universidad. digamos que para bancar un modelo como el de india, te basta una formación terciaria o secundaria (lo cual sería un punto de partida muy copado, teniendo en cuenta que las escuelas industriales fueron desmanteladas por menem y no se ha hecho nada por recuperarlas). pero si vemos los proyectos de reforma de las carreras de la UBA (es decir las licenciaturas que son las que deberían producir el mayor valor agregado) es claro que reformar una carrera de grado para enseñar java en lugar de formar para la investigación es un mocazo (y entiendo que ese era uno de los proyectos empujados por la cámara argentina del software). sería magnífico que las dos cosas cambiaran para generar dos tipos de conocimientos útiles, y no simplemente nivelar hacia abajo uno (o destruirlo más de lo que está) sólo porque no se mira con ambición la coyuntura global. las dos partes tienen que actualizarse, porque hasta ahora los que emergen son más bien excepciones (e.g. en esta nota impresa hay 5, no los copio porque se hace largo): ninguno de estos chicos esta ahí porque son favorecidos por un sistema, son excepciones (de las cuales un porcentaje no despreciable vienen de itba o son drop outs de uba).

ay ay, me perdí lo de victoire!!!! es que fui al gay parade y eran como las 9pm en congreso, iba a llegar a san isidro cuando desarmaran los equipos… hagan otra pliiiis!!!

baci,
po

perú said...

buenísima nota, me gustó mucho

Octavio 8 said...

es muy interesante, la venganza de los bochos

si no fuese tan vago sería nerd seguro

me encanta como escribis

beso

Octavio 8 said...

agrego...
Casi todos mis amigos son nerds o del diseño 3d o de la melomanía o de la programación y me atrevo a decir que los uso a todos como base de datos o como libros de consultas
son gente con mucha info valiosa dentro de sus cabezas

estan los nerds buena onda y los nerds mezquinos, esto será proporcional a lo que sufrieron en la secundaria?

Pola, el cuadro de Fando y lis está subido a mi web en la segunda solapita que dice 2008

http://www.cosmomedia.com.ar/OTTO/pinturas.html

eso es todo
au revoir

Isil said...

Interesante.

Cabe destacar que el nerd es, ante todo, un gran resentido.

Un petiso emocional de imperiosas necesidades insatisfechas a disimular.

Un nerd es por definicion un cumulo de soledades y semen estanco.

Una particular variante de Nerd, el Coleccionista obsesionado con coleccionar, fue sabiamente descripta por el abuelo witty a princicios del XX como "don juanismo maltrecho".

El acceso a lo que nunca pudo tener; una mujer, implica el complejo F5 (refresh) de lo imposible, la superacion de lo que nunca fue, un hombre de verdad (como p...).

Por tanto, y esto es comprobable en la literatura, cine y ficcion en vivo, el nerd pierde su esencia al encontrarse deseado por su nerdess.

Lo cual, gracias a dios, no es el caso habitual, siendo el dinero y las ansias de poder de respectivas harpias más que suficiente, salvaguardando asi el poder creativo subliminatorio del gran cracko pero quizas sometiendolo a nuevos direccionamientos ajenos a su voluntad inicial.

Un gran ejemplo de la mujer eligiendo nerdess real vs nerdess por plata es el humectante giro argumental de Los Goonies por el cual la linda no toma la cubeta cheta sino la mano del amigo to be .
...

...

Si Argentina si o no, Si Palermo valley si o no, son cuestiones superciales a hechos cruciales de base.

A) ¿se medita sobre las posibles causas subterraneas de agregar entropia tanatica al sistema capitalista?

B) Si la cultura establece las pautas de la sociedad netamente sobre los ejes: relaciones de poder y sexualidad; ¿que papel le caben a los nerds (saboteadores del status quo productivo) y cual a las tiernas inocentes ninfas que buscan su calor?

Definiendo por tanto un cuadro de sumo intereses sociopsicologico: el poder vuelve a estar en manos de hombres particularmente permeables al deseo ajeno.

violette said...

muy buena! salió en radar?
en el gay parade viste el carro de brandon? había dos chicas muy lindas y genias haciendo una perfo? qué tal fue?

salú!

srta.pola said...

sii violette, el carro de las brandongirls estaba justo detrás del de p12, fue geñal, lisa nos regaló un foulard del orgullo, fue tan diver!!


isil, acuerdo en que la elección de la pispireta Andy por Mickey Walsh en los goonies alberga una moraleja maravillosa, y funcional mi argumento. pero me parece una conclusión errada decir que el nerd pierde su nerdess al realizarse: por el contrario, realizarse en tanto que nerd lo potencia, cfr. tránsito de la sustancia al sujeto mediante, hegel etcétera. imaginar que se acaba allí donde, precisamente, acaba, es adscribir a una teoría del deseo malamente popularizada por los psicoanalistas, enemigos de los jóvenes de la clase media: que uno deseo algo cuando le falta, y cuando lo tiene, deja de desear. vale la pena visitar la destrucción de esa idea (y mentalidad) en el antiedipo de deleuze.
en cuanto a las chicas, 1. sólo quieren divertirse, 2. sus deseos son tan variados y complejos y voladores que jamás podría resumirlos en una nota de tecnología para una revista de hombres.

srta.pola said...

gracias otex por el cuadro, se lo mostraste al pibe de la libreria cobra? quizás te lo cuelga, ahora está armano todo un ciclo de jodorowski.

besos perú, long time no see!

Isil said...

Un coleccionista si garcha deja de coleccionar.

Las chicas needean plata para divertirse.

srta.pola said...

hay que saber discriminar los resentimientos. el resentimiento del pibe feo y ratón no es el mismo que el del pequeño nerd bebé que debe atravesar obstáculos existenciales para alcanzar el cálido núcleo de la aceptación sexual.
que las chicas requieran $$ (sucedáneo de "son todas puts", etc) es el típico discurso del primer tipo de resentido, no del segundo.

Isil said...

Eso, a discriminar.

Nicolas Cohen said...

hermoso post.

veronica said...

linda nota pero para estar tan cercana a las fuentes....no es poco profesional, not to say de mal gusto mencionar como 5 a los fundadores de core?....chicos chicos....muy estilismo pero la educacion y los modales son la verdadera muestra de clase, lo demas, no es mas que ser snob

srta.pola said...

verónica,

técnicamente, core tuvo 6 fundadores, pero en la nota yo no hablo de fundadores (verbigracia, el verbo “armar”) sino que hablo únicamente del grupo de 5 que llevó a la compañía al estadio de crecimiento en el que se encuentra hoy. la nota toma como criterio de veracidad lo que dicen las fuentes involucradas. lo de modales y blabla snob, es una pavada de la que no me hago cargo.