Monday, April 12, 2010

Montar una mujer

por Pola Oloixarac para "Cine encontrado: ¿Qué es y adónde va el found footage", comp. Diego Trerotola y Leandro Listorti, BaFICI.


“Unas nalgadas te harán más humana”, le dice el apuesto joven a una muchachita peinada al estilo años 50, que se horroriza dignamente. Los actores llevan adelante las coordenadas de un proyecto que es Foucault puro: películas producidas por McGrawHill, la tradicional editora de manuales educativos, diseñadas para entrenar a las jovencitas en cómo y cuándo descubrir el amor. Como explica el señor H.A. Bowman en el prólogo al libro que dio paso a una de estas películas (“Matrimonio para modernos”) para cuando las mujeres empezaron a pedir acceso a la universidad se les permitía estudiar con los mismos programas que los hombres: craso error, afortunadamente modificado por Bowman al incluir la materia “Educación para el matrimonio y la vida en familia” como parte de las asignaturas como física y química. La talentosa Mariana Quiroga (joven argentina educada en USA) toma los materiales de esta utopía educacional y vuelve a montar el guión que disciplina. Con música que anticipa al príncipe azul, detiene el discurrir de la “acción” (una acción ficticia que busca repetirse en una acción real: una especie de metaguión que busca montarse silencioso, sub rosa, bajo la cabellera de todas las damas) y nos descubre a la mujer bajo el guión. El sesgo irónico asomando por el rabillo, el juego con el ego masculino y, también, la ansiedad absoluta de una fiera encerrada en un rol. Las indicaciones del material crudo (marcas actorales del teatro de lo femenino) exceden su propio valor etnográfico y siempre apuntan a las zonas bajas de la conducta (“si te contienes...”), parecidas en eco al entrenamiento que reciben los perros para no mear; a la manera de Elfriede Jelinek, el montaje de Quiroga combina con un sujeto neutral que es todas y no es nadie, haciendo de la educación femenina una fábrica recuperada de objetos secretamente pensantes.

“Los amo lo bastante para decirles la verdad” explica Anita Bryant, también en peinado vintage, en la película de Jay Rosenblatt. La hermosa Anita había sido Miss Oklahoma, había salido segunda en Miss América y, durante 3 años seguidos, lució la corona de “Mujer más admirada de EEUU” según la revista Buena Ama de Casa (Good Housekeeping). Tenía todo para ser ser adorada por el corazoncito camp de los gays, pero el camp recién comenzaba a luchar por su existencia en movimiento simultáneo a la lucha por los derechos homosexuales. Anita halló lo contrario a la adoración: es la bruja mala del Este de Florida en Milk, la biópica del primer prócer político gay Harvey Milk, por Gus Van Sant. Anita quería defender a la Familia para la que había sido educada, y esa fue su perdición. Anita sufrió las consecuencias de la misma estrategia de boycot económico que había permitido a los gays de Castro demostrar que tenían presencia política (primero, boicotearon a los comercios que no atendían a gays; luego, a las naranjas de Florida que Anita representaba públicamente, prohibiendo el trago “Destornillador” en los bares gays). Acaso Anita, más allá de sus temores homófobos puntuales (¿por qué cargar tintas sobre Anita, cuando nuestros más reputados intelectuales también se oponen públicamente al matrimonio gay?) entreveía cierta hipótesis conflictiva, y en su momento no llegó a articularla. La estrategia para ganar representación política de Milk fue apelar a la unión de las minorías (“cada anciano, cada discapacitado, cada negro! etc, etc). Qué destino más absurdo era pasar de ser la mitad de la población, las mujeres, a súbitamente venir a representar una minoría, una más entre las preferencias sexuales, las capacidades especiales y los colores: esa gran bolsa multiculti que, en definitiva, permitiría dejar en el centro la estructura de poder del hombre-blanco-normal, quizás con más fuerza que antes.

2 comments:

Hernán said...

A las mujeres no hay que discutirles, hay que comprenderlas.

Al menos en aquél momento las mujeres eran piernas, cara y peinado. Ahora es culo y/o tetas. Como que se fue restringiendo la cosa.

Las condiciona el útero. A alguno le tenía que tocar.

Si la del sombrero es Anita tiene cara de abortarse los orgasmos.

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perdón, pero la provocación es tentadora.

Artifex said...

Leí tu nota en la VIVA. Interesante propuesta. Voy a conseguir tu libro. Saludos.