Thursday, April 15, 2010

Secuestro y muerte del Nuevo Cine Argentino

El Bafici abrió, por primera vez, con una película de temática política hardcore: el secuestro del militar Aramburu que fue el rito iniciático de Montoneros para pasar del susurro a la existencia como banda armada del “pueblo peronista” (*). En un Bafici marcado por la presencia de la literatura, que la película se inspirase en un libro de crítica como "La Pasión y la excepción” de Beatriz Sarlo iba a tono con el creciente papel de las ideas en la escena política-artística argentina.

“Secuestro y muerte”, la película de Rafael Filippelli, funciona como un ensayo de teoría política. Eso explica el vaciamiento de contexto histórico: desde el inicio, no pretende ser una “reconstrucción de los hechos”; el argumento cinematográfico es la reconstrucción de un argumento político. Los actores entran en la representación de sí mismos como actores haciendo de Montoneros, en una secuencia de boudoir montoneril: la peluca de Arrostito, los varones mirándose al espejo luciendo el uniforme militar. Es decir: la película dialoga a contrapelo, desde el inicio, con aquel que conoce la historia. Como en un ensayo, la película habla de las cosas conocidas corriéndose no de la interpretación, sino tocando –deshaciendo- la organización de detalles “verdaderos” que hacen a un “hecho histórico”: entonces no tergiversa, sino que se exhibe meta-refiriéndose a ellos.

¿Y quiénes son estos chicos, estos montoneros de Perón? Estos chicos dicen “ponele”, hablan de la comida de los astronautas:
sentados en la cocina, a la espera de que el tiempo (el tiempo que va del secuestro a la muerte) pase, hacen lo que vienen haciendo los chicos de esa edad según el retrato ya canónico de lo que viene a ser la juventud según el Nuevo Cine Argentino: son medio salames, pero queribles. Siempre son diálogos para “pasar el rato”, “romper el hielo” Rohmer-style: el Nuevo Cine Argentino ha entronizado el diálogo vacuo de la etnografía (para tomar una palabra de Sarlo) como marca de “contemporaneidad”, apoliticidad de la época. ¿Qué significa trasponer esa, digamos, poética, del Nuevo Cine Argentino a cuatro personajes con un brío muscular -etnográfico- diferente?


Traducir el idioma de Montoneros al idioma de “los chicos de hoy” produce dos efectos: 1. aquellos que simpaticen con el marketing actual o retro de la causa del peronismo armado lo verán como un vaciamiento estupidizante (con una toma de rehén: es la dicción formalizada del NCA), 2. aquellos que simpaticen con la causa aramburista, lo verán como una manera de jugar a la empatía de una manera también oscura: actualizar “a los chicos” es también funcional a un relato lavado de la guerrilla, que pasa del idealismo de “reclamar el boleto estudiantil” (ver Pasado y Presente de Hugo Vezzeti) a chicos que ahora reclaman un talión justiciero, basado en la recuperación de cuerpos. El retrato de Montoneros los vuelve sujetos de identificación grupal cuando los hace hablar en el idioma normalizado que define a la juventud; entre el fuego cruzado de filomontos y aramburistas, el rehén es el NCA. Si el film fue criticado de aramburista, de “two demons” (se alude siempre mal y randomly a la teoría de los dos demonios; lo mismo suele ocurrirle a “paradoja” cada vez que hay dos términos no iguales), o de justificar la violencia, en rigor no es ninguna de las dos: juega, analizando la excepción, a decepcionar a las dos partes. A ninguna le da lo que quiere: el aramburista se quedará con la sensación de que aquí faltó; el filomontonero, que se ha tergiversado la versión –triunfal, oficial- de la historia. Queda el asesinato; el destino sudamericano del sótano.


En el medio, Aramburu expone la prerrogativa y el deber del soberano: les explica la teoría de la decisión schmittiana a sus jóvenes y necios jueces. Cuando la vi, no sabía que Filipelli era docente de la FUC: como ironizaba AP, también puede verse como una película sobre la relación de Filipelli con sus alumnos. A cada razonamiento de parte de Aramburu, ellos contraponen un talión simplista –que no deja de ser seductor para producir empatía hacia la “justicia” de Montoneros. Es decir, la película se organiza partiendo a la audiencia en dos: por eso, creo que se inscribe directamente dentro del juego de la polarización oficial, lo que me parece problemático desde ya. SPOILER: el cameo hitchockiano del mismísimo Jorge Dotti, experto mundial en Schmitt y fuente privilegiada de Sarlo para la teoría de la decisión en La pasión..., es el toque de neorrealismo italiano que termina de condensar el clima de filosofía política.


Algo más sobre lo anterior, que creo que demuestra la doble decepción, es decir, el cariz ensayístico y de discusión fuerte que plantea la película: su manera de inyectar la palabra Perón -proscripto en toda la película (detalle histórico que se respeta, porque no se lo podía nombrar)- en nuestros oídos es poner un jueguito donde tienen que adivinar con algunas pistas quién es. Militar, no vive en argentina, gran líder… Mitre? Rosas? Ahí toda la audiencia quiere gritar ¡Peróooon!, peronista o no, no por peronista sino porque sabe; se siente un UHHHH de tensión. El film continúa impasible con la exposición de los argumentos -que, de haber querido hacerse netamente aramburista, hubiera acaso incluido el "Proceda” de Aramburu (que Montoneros busque legitimar su propia acción como venida de un alto mando militar; eso los hubiera dejado realmente por el piso; o Filippelli se contiene, o es otro juego con la expectativa trunca)


Acaso, el retrato subnormal de Montoneros -que es, repito, el único trabajado como transmisión de empatía generacional- podría obedecer a una lectura de peronismo de base: Perón mismo se encargó de llamarlos estúpidos cuando los echó de la plaza (un año después). Pero en alusión al título del post, creo que nunca se me había presentado la cualidad formulaica del NCA con más claridad que en esta aventura histórica: discusión, montonerismo-aramburismo en llamas aparte, la que sale más comprometida es la cristalización de un estilo de dramaturgia totalmente formalizado y hecho de yeites, sin vida.


Esto es lo que estuve pensando hasta ahora (escribo rápido un poco por Andrés, que me apuró :D). La película es muy interesante y vale la pena verla: ya la cuestión de retratar la ideología à la Bresson es una elección estética de carácter. Quizás escribo algo más adelante (leí por ahí que se estrena en julio) o lo entrevisto a Filippelli para testear mi visionado


POST EDIT: estuve mirando por ahí que se critica a Filippelli ambigüedad en el punto de vista; yo creo que la película no es ambigua, sino que le tuerce el brazo a las dos interpretaciones/bandos enfrentados simultáneamente. es una estrategia ensayística, como digo, porque desarma la posibilidad de hacer un análisis totalizante de agitar banderas por uno de los dos bandos.


(*) lo entrecomillo porque las facciones políticas argentinas siempre se presentan como la totalidad del pueblo, es decir: siempre niega al otro como posibilidad o entidad de derecho.

13 comments:

Nicolás said...

Al respecto de: Dotti como fuente de la excepcionalidad sarlo-agambeaneana (seguramente así no se dice); dejo esta entrevista: http://elriosinorillas.com.ar/ conversaciones, Dotti pág. 13 y 14,
Probablemente la conozcas.
Saludos

Hernán said...

pero...

¿Está bien narrada? ¿las actuaciones son correctas?

Porque si eso no se da a uno no le queda más que suponer que quiso hacer el director, si es que tuvo alguna idea.

srta.pola said...

yo creo que está bien narrada, quizás pueda disentirse con la resolución de algunos planos (Andrés lo hace) pero es muy correcta; las actuaciones pertenecen a un cine no comercial, es decir que para ese tipo de espectador serán "raras", porque están marcadas a la Bresson. A mí me gustó el Aramburu de Enrique Piñeyra, y la "Arrostito" de Agustina Muñoz está bárbara. Me gustó q Abal Medina se parezca a Abal Medina: quizás por eso es el único que está "tenso", consciente de lo que hace.

no hablo de esas cosas formales cinéfilas porque me TORRAN infinito, y un poco por principio: necesito dar por sentado que el que hace sabe lo que hace (en general se juzga sin haber entendido la propuesta total)

srta.pola said...

gracias nicolás, es un artículo increíble!! y la revista es excelente

editor said...

Estimada Pola,

Mi nombre es Salvador Luis, director de la revista de literatura Los Noveles (www.losnoveles.net) y me gustaría conversar contigo respecto de un proyecto que empezaré en breve; me gustaría invitarte a participar en él.

Espero que podamos charlar al respecto.

Mi email es:

losnoveles@losnoveles.net

Un cordial saludo,

Salvador

http://www.losnoveles.net
http://www.salvadorluis.net

Hernán said...

Te entiendo. Con saber que la pelicula está bien me alcanza.
Cuando se trata de un hecho histórico no se suele valorar tanto la realización de la película, pero para mi le cabe la misma regla básica que a cualquier película: Si no se entiende no está. Tampoco espero una verdad, sólo un buen trato.

Imaginate una novela en la que hay páginas en blanco porque el escritor se olvidó de escribirlas. Eso no sería una novela. Aunque se puede escribir una sobre esa no novela.

Cuando veo imágenes o escucho sobre esa época siento que ahí se quedó el romanticismo, la lucha y la sangre. Y me da tristeza porque pienso en el hoy y me doy cuenta de toda la carencia que sobra.

Carlos said...

El texto es buenísimo, lo mejor lejos que ha producido la película hasta ahora. El asunto sería si realmente hubo / hay sólo dos bandos y si ese "torcerles el brazo" no niega a su vez -de manera tercamente alfonsinista- otras complejidades. Quiero decir (y lo digo mal, seguramente) que así como es Filippelli quien pone en escena aquí a estos dos bandos es también él quien decide despojarlos de matices. Y si a fuerza de meta y meta distancia con el pasado esa estrategia ensayística se traslada al presente, esa ausencia de matices queda más y más expuesta como una limitación. ¿Se puede, a esta altura, ver el problema partido en dos y reservarse para sí mismo un pedestal ajeno y esclarecido?

chicaenminifalda said...

buenísimo el post Pola! además ilumina tus puntos sobre la década del '70 de LTS.

Fotografías said...

Qué suerte que te apuré, Pola, jeje. Me encantó. Muy bueno el texto, a la altura del buenísimo título. La película - una avivada- no lo merece, pero el tema sí.
Me resulta difícil no hablar de la FORMA -de cine cuando se trata de una película, de literatura cuando se trata de una novela, etc- pero, en realidad, creo que, al final, sí hablás de la forma y muy bien.

Sólo discrepo de la referencia (en un coment) a Bresson. Seguro que Filipelli hablaría de Bresson, pero para mí no tiene nada que ver.

"Filmación: Atenerse únicamente a impresiones, a sensaciones. Ninguna intervención de la inteligencia extraña a esas impresiones y sensaciones".

Si Bresson es su maestro, creo que Filipelli faltó ese día a clase.

Diego said...

Pola: suponer que el que hace sabe lo que hace , ¿no es darle a la conciencia un poder sobre el cuerpo del que Descartes estaría nos estaría envidiando? Nunca "el que hace" termina haciendo lo que quizo hacer, eso hay que dar por descontado. Sigmud+el contexto+las relecturas, qué se yo, miles de cosas que trascienden a la conciencia del sujetito hacedor. Miles de cosas que vos conocés mejor que yo.

Saludos

srta.pola said...

hgracias x los comentarios, quisiera responderles en largo pero me acaban de enyesar el brazo y apenas puedo tipear. no dejen de ver el link de nicolas, un beso

Hernán said...

Eu!

Que sane pronto

Laura Vazquez said...

Me encantó este post, sobresaliente. No le agrego nada. Un saludo!