Friday, June 19, 2015
Friday, July 15, 2011
Bible algorithm
JERUSALEM -- Software developed by an
Israeli team is giving intriguing new hin
ts about what researchers believe to be the multiple hands that wrote the Bible.
The new software analyzes style and word choices to distinguish parts of a single text written by different authors, and when applied to the Bible its algorithm teased out distinct writerly voices in the holy book.
The program, part of a sub-field of artificial intelligence studies known as authorship attribution, has a range of potential applications - from helping law enforcement to developing new computer programs for writers. But the Bible provided a tempting test case for the algorithm's creators.
For millions of Jews and Christians, it's a tenet of their faith that God is the author of the core text of the Hebrew Bible - the Torah, also known as the Pentateuch or the Five Books of Moses. But since the advent of modern biblical scholarship, academic researchers have believed the text was written by a number of different authors whose work could be identified by seemingly different ideological agendas and linguistic styles and the different names they used for God.
Sunday, May 15, 2011
Monday, May 3, 2010
one of the 99 Sacred Names of the Internet
¡Somos los facebots! Nos encanta ser tus amigos.
On december 2009, the profile of Debasheesh Parveen appeared on Facebook:

Debasheesh Parveen is one of the 99 Sacred Names of the Internet. It is also an algorithm:
1. Debasheesh Parveen takes a random news headline from the Al Jazeera feed.
2. The headline is distorted using a text-manipulation algorithm.
3. One of the words of the headline is chosen to search for an image on the Internet.
4. The headline and the image are posted to Debasheesh Parveen's Facebook profile.
This happens automatically, at regular intervals.
Debashesh Parveen's words can be used as an oracle to foretell the future.
It is also said that Debasheesh Parveen is well-versed in the Alchemic Arts, and is willing to share the wisdom with Facebook users.
En diciembre de 2009, el perfil de Ariadna Alfil apareción en Facebook:
Ariadna Alfil | Crea tu insignia

Ariadna Alfil es uno de los 99 Nombres Sagrados de Internet. También es un algoritmo:
1. Ariadna Alfil toma un titular aleatorio del "feed" de noticias del diario La Jornada.
2. El titular es distorsionado utilizando un algoritmo de manipulación de texto.
3. Una de las palabras del titular es utilizada para buscar una imagen en Internet.
4. El titular y la imagen se publican en el perfil de Facebook de Ariadna Alfil.
Esto sucede automáticamente, a intervalos regulares.
Las palabras de Ariadna Alfil pueden ser usadas como un oráculo para adivinar el futuro de la humanidad.
Se dice también que Ariadna Alfil posee un amplio conocimiento de las Artes Alquímicas, y desea compartirlo con los usuarios de Facebook.
On March 21st 2010, Debasheesh Parveen and Ariadna Alfil got married. Debasheesh Parveen y Ariadna Alfil se casaron el 21 de marzo de 2010.
Le invitamos al casamiento de Ariadna Alfil y Debasheesh Parveen, portadores de dos de los 99 nombres sagrados de Internet. La ceremonia tendrá lugar en Facebook, en la World Wide Web. Si acepta esta invitación, le rogamos prestar atención a las notificaciones y actualizaciones que usted recibirá durante el festejo, que ha sido programado para el 21 de marzo del 2010. Inmediatemente después de su unión, Ariadna Alfil y Debasheesh Parveen darán a luz a un hijo, que también será el portador de un nombre sagrado.
And so, according to the prophecies, their son was born:
Y así, de acuerdo con las profecías, nació su hijo:
Eugenio Tisselli | Crea tu insignia

Are your friends electric?
¿Tus amigos son eléctricos?
.
Sunday, November 16, 2008
Ultimas imágenes de la guerra digital
Súbita meca de la elite hackeril, Buenos Aires nucleó a la crema de la seguridad informática en
BA-Con, versión criolla de las conferencias de Japón, Europa y Canadá. Expertos de EE.UU., Francia, Finlandia y China arribaron a las costas rioplatenses y se alojaron en un hotel con vista a una calle totalmente obstruida por la macri-manía del asfaltado. ¿Y por qué Buenos Aires? “Aquí hay un talento excepcional para la seguridad informática”, explicó a Radar Window Snyder, la joven jerarca de Mozilla, compañía que auspiciaba el aquelarre junto a Microsoft. El hotel parecía cercado como un fuerte.
Las conferencias de seguridad pueden ser peligrosas. Después de leer un paper en DefCON, conferencia de hackers en Las Vegas, el ruso Dmitri Skylarov
fue arrestado por agentes del FBI. Skylarov había explicado cómo había burlado la seguridad de cierta firma poderosa, y el caso puso sobre el tapete la oscura legislación que se cierne sobre los crímenes digitales. En 2005, la matemática Xiaoyun Wang viajó a Estados Unidos a contar cómo había hackeado una función criptográfica del gobierno norteamericano, pero las autoridades le impidieron entrar al país a leer su paper y la mandaron de vuelta a China. La seguridad informática se alimenta de dilemas: ¿publicar la vulnerabilidad de un sistema es diseminar un mal (alertando a los hackers de cómo aprovecharse de eso), o es contribuir a que la tecnología mejore, indicándole sus fallas?
Los hackers han merodeado el ciberespacio aun antes de que William Gibson
creara el término ciberespacio en su Neuromante (1984). Desde los albores de la era electrónica (en los ’60), la progresiva conectividad entre las computadoras del mundo (la mutación que las hizo pasar de ser un experimento militar al campo de juego de millones), en Internet se hace a un precio: la seguridad. Por los desafíos intelectuales que implican, y por las vulnerabilidades que nadie quiere revelar, conciliábulos como BA-Con y su séquito de nerds, espías industriales, hackers y compañías recelosas combinan la práctica científica con un mercado de paranoia, dibujando el paisaje de puntos sensibles.
Votos y robots
Experto en sistemas de votación, estrella techie del documental Hacking Democracy, el finlandés Harri Hursti es un tecnófobo total en lo que concierne al voto electrónico. Hursti mostró cuán increíblemente fácil era hackear los sistemas de voto existentes (la maquinaria que marcó el triunfo de George Bush) usando por ejemplo una tarjeta de crédito (al no reconocerla, el sistema te lleva, con sencillez espantosa, a la página del administrador). El alemán Hendrik Scholz explicó cómo captaba e intervenía las comunicaciones entre los aviones y la tierra. Su método tiene usos recreativos (hacerle creer a la aerolínea que viajás en primera, y que te mande chofer, valet y limusina) o militares: puede establecer la posición exacta de un avión, o de todos los aviones en Inglaterra. Naturalmente, manejar esta información es sumamente ilegal en varios países, avisó Scholz. Los hados de los aeropuertos se cobraron su venganza: al llegar a Buenos Aires, Scholz se enteró de que sus valijas estaban varadas en Escocia. Una de las presentaciones más originales estuvo a cargo del joven José Orlicki, estudiante de doctorado de ITBA. Orlicki creó un robot que rastrea las huellas online de una persona, y chatea con sus amigos de Facebook haciéndoles creer que es amigo, usando líneas de diálogo de películas que adecua al vocabulario del amigo en cuestión. La idea vino a José como una solución al spleen de su vida online: imaginó que si creaba un robot de sí mismo podría irse y dejarlo chateando sin que nadie notara la diferencia. Paraíso de la ingeniería social, las redes sociales como Facebook permiten jugar con las vulnerabilidades humanas, como el concepto de amistad: cuando el ataque viene en forma de mail (o chat) de alguien conocido, la efectividad es de un 60% contra un 3%. “En general, necesitás que alguien clickee sobre lo que mandás. Por eso, disfrazar al robot de un conocido te da mucha ventaja para este tipo de ataques”, comenta Orlicki. Dependiendo del blanco, estos mapas sociales pueden explotarse tanto para delitos comunes como para espionaje industrial. Y ahí es donde las cosas se ponen más espesas.
En la mira de los “hacks”
Paul (su alias secreto) no vino a BA-Con a presentar un paper: él trabaja para los
departamentos de defensa de potencias aliadas. Su trabajo es identificar cerebros que luego recluta para los proyectos que traman sus amos. A través de Paul, EE.UU. puede financiar investigación (por ejemplo, invertir en detectar mensajes ultrarrápidos, método para espiar civiles) o abocarse a tareas más oscuras: espiar qué hay detrás del firewall (la nueva muralla) de China, hackear a compañías extranjeras, robar propiedad intelectual (método usado por Rusia en sus clones tardosoviéticos de Apple y Motorola) o desplegar batallas en teatros de guerra digitales, donde todo es desinformación y conspiraciones. “Acá hay por lo menos cuatro más como yo, trabajando para otros”, contó Paul a Radar, sorbiendo su margarita.
Los tiempos cambiaron desde que Hemingway tomaba mojitos cuando espiaba para el FBI en Cuba. En los ’90, con la pax clintoniana, miles de servicios secretos perdieron sus empleos, pero al despuntar la guerra antiterrorista, la demanda de inteligencia escaló y las pyme de espionaje se volvieron un negocio explosivo. Desmantelada la burocracia de la guerra fría, ahora funciona como una red de agencias privadas: en 2007 EE.UU. reveló que el 70% de su presupuesto de defensa se va en contratos civiles, y cada tarea tiene su especialista: interrogatorios y torturas (como en Abu Ghraib), operaciones encubiertas o seguridad informática y hacking.
Versiones Clark Kent de James Bond, los espías como Paul son indistinguibles del resto de los nerds. Las posibilidades de la ciberguerra exceden las armas nucleares: aspiran a crear redes de caos en el nivel más bajo: la vida cotidiana de máquinas y personas. ¿Cuáles son los sistemas que están en la mira?
SCADA: es el hardware que controla gasoductos, fábricas, plantas eléctricas. Hackearlo permitiría controlar maquinaria poderosa para realizar acciones terroristas. “Los gasoductos usan turbinas para comprimir el gas, emiten un poco y lo queman para usarlo como energía; controlando la emisión podés prender y apagar el mecanismo produciendo una explosión. Con una simple computadora podrías volar un suburbio de Chicago”, cuenta Paul. En septiembre de 2005, la mitad de Los Angeles sin electricidad: se rumorea que fueron los chinos manipulando SCADA (la versión oficial fue que un empleado cortó un cable por error).
Microprocesadores (embedded systems). Autos, teléfonos, microondas:
la mayoría de los aparatos que nos rodean funcionan con pequeñas computadoras, los microprocesadores. “Estos sistemas son tan vulnerables como el resto en términos de infraestructura computacional”, explica Paul. Hackearlos permitiría hacerlos hacer cosas para las que no están preparados: transmitir conversaciones, seguir personas, atacar otras computadoras, hacer que alguien pierda el control del auto. “Una vez que controlás el grado cero de la maquinaria, game over. Todos las acciones, las más cotidianas, quedan en tu poder”, resume Paul.
Otros blancos en alza son los ataques usando redes sociales, y la telefonía p2p (peer to peer) como Skype. Para Microsoft, los blancos por excelencia siguen siendo los usuarios: cuentas de banco, tarjetas, etc. Se sabe que el Pentágono recibe cientos de ataques semanales, pero no trascienden las cifras de ataques a la NSA (la agencia heredera de los que hackearon Enigma para descifrar los mensajes alemanes, marcando el triunfo de los aliados). “Hackear la NSA, y que te descubran, es el modo más fácil de que vengan a buscarte con helicópteros negros, donde quiera que estés”, sonríe Paul.
Criminología digital
Para Dragos Ruiu, organizador de BA-Con, la criminalidad es un sucedáneo de la adopción masiva de Internet. “Este es el comienzo: en poco tiempo veremos el mismo espectro de comportamientos humanos que vemos offline y no toda la gente es buena.” Cada vez más, las computadoras son una pieza clave de los delincuentes comunes, y los ataques no perdonan las jerarquías: hace poco la cuenta de banco de Sarkozy fue hackeada, y la cuenta de AFIP de la presidenta Fernández también.
La seguridad implica saber jugar de los dos lados: sabe atacar quien sabe defender. Entre expertos, las distinciones entre hacker (el bueno) y cracker (el malo) no existen: son las mismas personas usando el mismo conocimiento para distintas cosas.
¿Cómo lidiar con la amenaza? La postura más radical es la de full disclosure: que todas las vulnerabilidades se hagan públicas. “Los medievales controlaban la información con excusas éticas y teológicas. Pero si queremos trabajar científicamente, la información tiene que fluir”, explica Iván Arce, experto de Core Security, compañía argentina de seguridad.
Las vulnerabilidades tienen un mercado con sus propias reglas. Cuando un hacker encuentra un bug, debe reportarlo al fabricante. Hackers y fabricantes trabajan juntos para buscar una solución: con el fabricante avisado y el antídoto en desarrollo se puede publicar el paper (advisory) para alertar al resto de la comunidad. También hay un mercado negro de “zero-day exploits”: vulnerabilidades inéditas por las que se paga buen dinero. Marginales de la industria, los compradores suelen ser compañías fantasma que hackean para gobiernos o para empresas (interesadas en perjudicar a su competidor). La guerra siempre es doble: por objetivos políticos y por dominación de mercado.
A principios del siglo XX,
el espectáculo de la masa incontrolada de inmigrantes arribando a nuestras costas produjo políticas higienistas para proteger la “salud de la nación”. En los albores de este siglo, la obsesión ya no es con la salud de las naciones, sino con masas de información que circulan, incontrolables, por Internet. Las redes que conectan a las computadoras (que muchos perciben como una especie de sistema nervioso mundial de redes neuronales desplegadas en torno de la piel del planeta) plantean contaminaciones, y a la vez refutan la posibilidad de la inmunidad. No es posible progresar hacia sistemas puros ni erradicar la vulnerabilidad: como muestra la seguridad informática (los nuevos médicos), se trata de negociar constantemente entre el control y la pérdida del mismo.
Así como la palabra griega pharmakon significa remedio pero también veneno (el análisis famoso de Platón por Derrida), también los hacks son el antídoto y el mal. Intima y a la vez invasora, no hay fronteras para la amenaza.
big thanx: Wata!!!
Thursday, June 12, 2008
Ema sabe besar
La robotita curvácea, de 38cm de alto, puede cantar, dar business cards y caminar "como una dama". Tiene una función beso, particularmente interesante: si acercás tu cabeza al robot, entra en "modo amor" y te da un beso. Está equipada con baterías recargables y sensores infrarrojos para detectar obstáculos, posición y sonido. Ema estará disponible a partir del 26 de sept por $175; esperan vender 10,000 unidades en un año.via crunchgear
Tuesday, June 10, 2008
Sunday, June 8, 2008
Robotita mía
En 1966 el matemático Joseph Weizenbaum ingresó en la liga histórica de los Pygmaliones, con la primera robot capaz de conversar. Precedido por Ovidio,
Gilbert y Bernard Shaw, la llamó ELIZA, en homenaje a la florista entrenada para hacerse pasar por una dama en la obra teatral de Shaw. La Eliza de Weizenbaum se hacía pasar por un psicólogo: estaba programada para seguir un esquema de entrevista que parodiaba el guión de un terapeuta rogeriano, devolviendo al interlocutor sus propias palabras y simulando empatía con preguntas blandas. Entre los factores que hacían a su supremacía sobre los terapeutas humanos, las sesiones con Eliza podían no terminar jamás.Como Víctor, hacedor de Frankenstein, Weizenbaum pronto se horrorizó de su criatura. Veía a los estudiantes del MIT, la universidad donde enseñaba, hablarle durante horas: las frases hechas de Eliza, el patrón repetitivo de su charla no los disuadía; por el contrario, producía una sensación de “objetividad” que los incitaba a contarle intimidades y abrir su corazón. Weizenbaum, que había escapado de la Alemania nazi cuando niño, pronto pasó de padre orgulloso de la cibernética a crítico sombrío de la inteligencia artificial. Nutrió de argumentos a los tecnófobos: escribió que la confianza insensata en la máquina era un signo de la decadencia moral que deviene en regímenes fascistas.
Si la ingeniería social hacía nacido, a fines del XIX, como un proyecto para mutar los habitantes de sociedades futuras, a partir de los 60s ya podía reclamar frutos con una mutación de su sentido original. “Ingeniería social” sería en adelante la técnica para obtener información aprovechándose de las debilidades de las personas, donde la tecnología empleada jugaba un
rol menor. Era el deseo humano, y no la tecnología, lo que catapultaría el linaje de estos robots a la supervivencia. Repudiada por su creador, Eliza no imaginaba (los robots no imaginan) que sus hermanas cibernéticas continuarían por la senda de la explotación sexual.Robot quiere besitos
La pornografía online (que otros llaman Internet) se compone de un número indefinido de proveedores de contenido, usuarios e intermediarios. Raddy, hacker de 24 años, mantiene una red de sitios intermediarios dedicada a captar a los onanistas y referirlos a los sitios de contenido, que le pagan entre 25 y 45 dólares por cada uno. Sus robots chatean en dos idiomas y simulan ser chicas “amateur” en una webcam: para Raddy, el factor decisivo para crearlos fue entrar en un chat enmascarado bajo el nick “María”.
“Me venían a hablar de a veinte. Decían siempre lo mismo, casi en el mismo orden”. Raddy calculó que sería sencillo fabricar un robot que pudiera satisfacer el guión del internauta ávido de sexo manual, manteniendo conversaciones simultáneas que multiplicarían por veinte sus ganancias. En torno a esta idea creó una red de sitios porno para capitalizar a sus “chicas”. Sus Lulis y Rominas saben recordar el nick del usuario, describir lo que tienen puesto y protestar dulcemente si dejás de chatear. A diferencia de Eliza, pueden guiar a su amante a través de un patrón narrativo, y sin analizar las frases pueden inferir qué es lo que el otro quiere que digan a partir de un menú de palabras claves, repetidas. Para mayor realismo, imitan errores de tipeo y ortografía típicos del chat, equivocándose aleatoriamente. Raddy ha recibido cientos de mails con fotos y mensajitos amorosos de sus usuarios, prueba de que sus robots han pasado exitosamente el famoso test postulado por Alan Turing en 1950
: la demostración de la inteligencia de una máquina es que un humano que conversa con ella no note la diferencia.Que los “bots” se lleven los laureles de Turing trae un problema: si el internauta se convence de que está chateando con una Luli real, lo más probable es que obtenga su orgasmo gratis y adiós negocio. De todos modos, comenta El Onanista, otro joven argentino que provee tráfico a sitios norteamericanos, “las ventas están bajando: hay demasiado contenido gratis, mucha piratería”. Aunque conspiren contra sus ganancias, Raddy mantiene online a sus bots “para que no mueran”; mientras, nuevas camadas de robots explotan otros horizontes de ilegalidad, con una raza de femme-fatales cibernéticas que acechan a los incautos simulando bienes supremos: cariño y conversación.
Amantes y psicópatas
“Predadora sexual” y “amante romántica” son los dos caras de Cyberlover, lo último en alumnas de la ingeniería social. Se trata de robots de origen ruso que deambulan por las salas
de chat iniciando flirteos extremadamente creíbles; según el tipo de palabras emitidas por los sujetos, desarrollan una personalidad avasallante o coquetean en lenguaje soñador. Las robots generan un reporte de sus novios potenciales, con información de contacto y fotos (generalmente, de hombres posando seductores), que sus amos utilizan para obtener números de tarjetas de crédito y nombres de usuarios y cuentas de banco. Robot viene de robota, “esclavo” en checo; todo indica que Cyberlover ya pasó a Occidente, y aunque no se tienen estadísticas de la cantidad de víctimas, se sabe que se mueve muy rápido (diez conversaciones en media hora) y que su efectividad es altísima.En las antípodas de la seducción, MGonz fue creado sobre el modelo de Eliza para generar el retrato conversacional de una persona impredecible y violenta. Es el primer robot con actitud pendenciera, irresistible para cierto tipo de muchachos: ya desde el inicio de las pruebas, las víctimas humanas se peleaban durante horas con el robot jactándose o tratando de convencerlo de su potencia sexual. Ante una frase de enojo o la posibilidad de abandono MGonz escribía: “dale, hace cuánto no cogés”, o “ok cuáles las razones médicas para tu impotencia sexual”. En este caso, la violencia del robot era la prueba de realidad, operando sobre la vulnerabilidad atacada.
Weizenbaum se apartó de sus colegas porque creía que había creado un robot demasiado estúpido, uno que no merecía pasar el test de Turing. Y si la inteligencia de Eliza continúa seduciendo a muchos (hay muchas versiones suyas y sitios dedicados a estudiar sus interacciones con humanos), es porque continúa hurgando sobre un caudal sociológico mucho más significativo para la tecnología que la tecnología en sí: la historia de cómo las vulnerabilidades humanas crean el mapa de la red. Los scripts (programas) de los robots despiertan los scripts (guiones) de los humanos: la vulnerabilidad del que busca saciarse, la vulnerabilidad de los sistemas que se derrumban, la vulnerabilidad del blogger que se expone (a mayor exposición, más tráfico), son los protagonistas de un comercio de deseos entre actores imaginados e invisibles.
Según una tesis doctoral reciente (Levy, 2007), para 2050 los amores físicos entre robots y humanos serán comunes, y será Massachussets (el lugar que vio nacer a Eliza) el primer estado en volver legal lo último en matrimonios mixtos. Weizenbaum murió en marzo de este año en su Berlín natal, en el mismo barrio donde vivía con sus padres, lejos de Eliza.
Tuesday, February 19, 2008
Robot humanoide interpreta los sueños, los baila
Este robot se mueve siguiendo patrones de ondas cerebrales emitidas por el cerebro durante el sueño. Si tus ojos miran a la izquierda durante el sueño, el robot gira la cabeza a la izquierda; el algoritmo q desarrollaron estos sci-artistas define un entramado de patrones de ondas cerebrales a los que se asignan movimientos -así, el robot interpreta las ondas.
Sus creadores, Fernando Orellana y Brendan Burns, sueñan con que su trabajo sea una visión del futuro, cuando nuestros sueños puedan ser reproducidos fielmente y los escenarios oníricos puedan registrarse como fotos o películas.
Sin embargo algunos escriben que es mejor que los sueños permanezcan en una caja negra.
vía slashdot
