Showing posts with label google. Show all posts
Showing posts with label google. Show all posts

Friday, June 19, 2015

Las Constelaciones Oscuras

Aloha amiguitos: Mi nueva novela, Las constelaciones oscuras, está en librerías en Argentina y pronto en Perú y allende el continente :D
Quiero agradecer especialmente a mis gatas Gmail y Carlota Eugenia Schrödinger que volcaron sobre mí su inspiración y pelos durante estos años de escritura.

Monday, January 24, 2011

Libris Googlis

Jakob Uszkoreit, Ingeniarius Programmandi

Ut munimenta linguarum convellamus et scientiam mundi patentem utilemque faciamus, instrumenta convertendi multarum nationum linguas creavimus. Hodie nuntiamus primum instrumentum convertendi linguam qua nulli nativi nunc utuntur: Latinam. Cum pauci cotidie Latine loquantur, quotannis amplius centum milia discipuli Americani Domesticam Latinam Probationem suscipiunt. Praeterea plures ex omnibus mundi populis Latinae student.

Hoc instrumentum convertendi Latinam rare usurum ut convertat nuntios electronicos vel epigrammata effigierum YouTubis intellegamus. Multi autem vetusti libri de philosophia, de physicis et de mathematica lingua Latina scripti sunt. Libri enim vero multi milia in Libris Googlis sunt qui praeclaros locos Latinos habent.

Thursday, January 6, 2011

Anonymous

por Pola Oloixarac para Quimera

En su novela Matadero Cinco (1969), el autor norteamericano Kurt Vonnegut desaconsejaba la mezcla de teléfonos y alcohol. Por ese entonces, la telefónica Bell, personaje de la novela, era una potencia industrial, que se desvanecería irremediablemente con la llegada de otro tipo de sistemas transmisores adictivos, algunas décadas después. En Vonnegut todavía arden las palabras de Robert Oppenheimer, que ve a su hija la bomba pop de Hiroshima estallar contra la noche del mundo -en el desierto, en bambalinas- y cita de memoria al Bhagavad Gita: “Ahora me convierto en Muerte, el destructor de mundos”. (A Robert le gustaba la poesía: bautizó el primer test nuclear según un verso de John Donne). Cuando Vonnegut tipeaba, no podía preverse un presente juguetón venido de mezclar tecnología y juventud. Entonces, la hora de la técnica era trágica; la utopía piadosa todavía habitaba la tierra, y en los cables corría la ciencia ficción.

Hablando de ciencia ficción: pasé un mes de verano en la base militar de NASA en Moffett Field, California. Era hermoso, ballardiano: nos despertábamos junto a un hangar alambrado, por todos lados había carteles PROYECTOS ESPECIALES // ZONA PROHIBIDA y de noche nos rondaban las patrullas, estábamos bajo Ley Marcial. Dormíamos en edificios de asbesto, hechos en 1950, con paredes debidamente cancerígenas; a veces, al despertar, nos dolía la garganta de respirar o teníamos ráfagas de alergias, nos mostrábamos orgullosos las heridas. Mi dieta social consistía en una aristocracia nerd de todas partes del mundo y militares con uniforme modelo Afghanistán (beige pixelado más clarito que Irak). En NASA, aprendí algo conmovedor sobre satélites. La órbita baja de la tierra no sólo está llena de basura espacial de los años 70 y 80. La mayoría de los satélites son tecnológicamente caducos prácticamente al momento de abandonar la Tierra: tu móvil está entre 5 y10 años más avanzado en capacidades y conectividad que los cuerpos metálicos que rodean la tierra. Esto es porque los tests para enviar algo ahí arriba son tan costosos, y las regulaciones tan complicadas, que la industria entera se ve dominada por conductas que evitan el riesgo, con una tasa de innovación bajísima. Esto era verdadero para los satélites, y también para las teorías críticas que orbitan en torno al Planeta Literatura. La crítica mantiene enormes aparatos construidos con tecnología de la década del 70 y 80. Esto supone una ventaja considerable para los teclados interesados en explotar las vulnerabilidades de su arquitectura.


En la autopista a San Francisco, escuchamos hip hop de negros racistas contra sí mismos. “Make it real”; ellos también son ballardianos. ¿Qué pasa si le hacemos cosas a los signos? En Moffet Field la novela avanza sobre el mundo más rápido que en otras zonas -es vecino
a Mountain View, donde se cuecen los experimentos literarios de la política global. Google está al comando de los signos de la novela social más ambiciosa de la historia, con más personajes que una novela rusa -porque incluye a todos los rusos y también a los que s
on novelistas, y al resto. Fuera de nuestro control, ya somos los personajes que llenan los casilleros de la representación (aunque la palabra correcta es “interpretación”, en su definición de lenguaje formal: adjudicar valor a una variable). Si la novela de Google es el nuevo género de la objetividad, que indexa todas las interacciones y las conserva... la novela humana podría ser una forma de rootkit, un software clandestino que permite acceder a un sistema, y controlarlo, escondiendo su presencia, con vistas a subvertir el sistema operativo general. Estamos en un momento interesante de la evolución de esa novela. “Anonymous”, que ya era la furia justiciera que pululaba Internet, es el grupo de choque: Anonymous es todo el que se sustrae de la narrativa de la Gran Contra-Novela, que avanza indexándolo todo para un lector hipotético (¿qué es lo “real” que busca él cuando lee?).

Anonymous se dedica, entre otras cosas, a hacer caer los servidores de los que actúan como esbirros de un régimen totalitario: cuando los servidores caen, Anonymous los devuelve a su naturaleza etimológica de esclavos. Por eso, amiguitos, participemos humildemente de la literatura universal contemporánea ejecutando el siguiente cañoncito en órbita baja. Se llama LOIC -low orbit ion cannon- y sirve para hacer caer servidores de banderas enemigas si lo transmitimos en plural. Yo, tú, él: todas las Personas Gramaticales. ¡Feliz 2011!
- Ir al site de AnonOps para buscar el nuevo target
- Bajarse la herramienta de DDoS - LOIC -http://sourceforge.net/projects/loic/
- Configurar LOIC en modo Hive Mind para conectarse a un IRC (tipo de chat)
- El ataque comienza simultáneamente, cuando los nodos en el botnet reciben el comando del IRC

(durante 2011 voy a estar escribiendo una columna en la revista Quimera de Barcelona, ésta es la primera)

Tuesday, December 21, 2010

World Game Report


12 thesis on wikileaks, on Le monde diplomatique

[...] One could call this the ’Talibanization’ stage of postmodern - "Flat World" - theory where scales, times, and places have been declared largely irrelevant. What counts is the celebrity momentum and the intensive accumulation of media attention. Wikileaks manages to capture that attention by way of spectacular information hacks where other parties, especially civil society groups and human rights organizations, are desperately struggling to get their message across. Whereas the latter tend to play by the rules and seek legitimacy from dominant institutions, Wikileaks¹ strategy is a populist one that taps into widespread public disaffection with mainstream politics. Political legitimacy, for Wikileaks, is no longer something graciously bestowed upon minor actors by the powers that be. Wikileaks bypasses this old world structure of power and instead goes to the source of political legitimacy in the info-society today: the rapturous banality of the spectacle. Wikileaks genially puts to use the ’escape velocity’ of IT - using IT to leave IT behind and rudely irrupt the realm of real-world politics.

Support the Bielorrusians with Lillies

my friend the Bielorrusian poet Maryia Martysevich groupsends a hasty email, asking us to googletranslate this poem by Andrej Adamovich, a Bielorrusian young poet, and if possible have it published our domestic media. Over 600 people have been arrested for protesting after the election; "I realize that poetical reflection isn't anything you expect the first day after hundreds of people were beaten and arrested while protesting against false elections, but still let me show you the essay below." the english googletranslate, with its whimsical non-connecting grammar and sudden jumps of meaning, can be a natural force of poetry. though a couldn't make sense of a few words, it felt still like a beatiful poem. behold the core in Spanish, on the bday of the 2001 Argentine social uproar:

Lirios
Ayer, cuando estábamos fuera de la zona, nos sentamos uno junto al otro. Ella me mostró una imagen de esa noche, en una de las áreas de dormir. Otra ofreció por su acuarela cien rublos, aunque valía mil.

En la figura hay lirios amarillos sobre un fondo rojo, y círculos precipitados, dibujados con fuerza, en azul. En el reverso del papel hay un poema sobre ellos. Los versos están llenos de energía como la imagen, pero son igual de ingenuos. El artista no parecía saber qué palabras usar y cómo deben estar en el texto. Sus líneas quieren salir de la hoja, pero se dan cuenta de que es físicamente imposible. A través de medios tan primitivos, la victoria de la hoja sobre el arte absorbe la fuerza del impacto.

Lo que pasó ayer -es esa acuarela de lirios ingenuos. Muchas, muchas, muchas personas, como jamás he visto en un solo lugar, vinieron a hablar, sin darse cuenta que en esta hoja blanca que es Minsk hay límites. Donde se produce una dictadura, pero sólo una. Todo lo que pasó ayer - es sólo otro intento de pintar el lirio, a despecho de las propiedades de la pintura y de los principios de la composición. Nosotros queríamos conquistar el poder real del espíritu, pero los críticos de arte lo vieron sólo como una violación de las leyes de la composición y el sentido común.


Лілея
Учора, калі мы ўжо сыйшлі с плошчы, мы сядзелі ў сябра. Ён падарыў мне малюначак, які ўначы, у адным са спальных раёнаў набыў у дзяўчынкі, з выгляду аўтысткі. Яна прасіла за сваю інсітную акварэль сто рублёў, але ён даў тысячу.

На малюнку, на чырвоным тле – жоўтыя лілеі, энэргічна абведзеныя сіняю асадкаю. На адваротным баку аркуша – верш пра іх, такі самы энэргічны як малюнак, але такі самы наіўны – мастак нібы не ведаў, што такое словы і як яны мусяць складацца ў тэкст. Яго лініі хочуць вырвацца за межы аркуша, але не разумеюць, што гэта фізічна немагчыма. Праз гэтую першабытную, але пераможаную межамі аркуша энэргію малюнак мае звышнатурльную моц ўздзеяньня.

Тое, што адбывалася ўчора, – інсітныя лілеі. Шмат, шмат, шмат людзей, столькі я ніколі не бачыў у адным месца разам, выйшлі, каб выказацца, але не ўлічылі, што ў гэтага белага аркуша Мінска ёсць межы, праведзенныя дыктатураю аднойчы, але ўпэўнена і назаўсёды. Усё, што адбывалася ўчора, – гэта проста чарговая спроба намаляваць лілеі, незважаючы на ўласцівасьці фарбаў і прынцыпы кампазіцыі. Мы, як тая дзяўчынка-аўтыстка, хацелі перамагчы рэальнае моцаю духа, але мастацкія крытыкі убачылі ў гэтым толькі парушэньне законаў кампазіцыі і здаровага сэнсу.

Я хачу напісаць пра тое, што бачыў учора. Хто я такі, каб рабіць гэта? Ніхто. Я напраўду адмарозак, як казаў пра мяне АГЛ. Я не зрабіў кар’еры, я не зарабляю вялікіх грошаў. Я басаногі, але даўно ўжо не хлопчык. Учора жонка назвала мяне няўдахаю. Гэта праўда. Мне няма чаго страчваць. Але ўчора на плошчы я бачыў прафесіяналаў, якіх паважаю. Я ведаю, што яны дасягнулі ўсяго, што можа дасягнуць чалавек у прафесіі. Яны не маюць нястачы ў грошах, яны проста хочуць выказацца.

Дый тая задаволеная большасць, якая спала ў гэты час па малінаўках і зялёных лугах, такая ж басаногая, як я. У лепшым выпадку яны маюць патрыманыя машыны і свежаадбудаваныя кватэры, кошт якіх упадзе крыху ніжэй за ніякі пры першым-лепшым перакрыцці газавага венцілю. Бо без людзей гэты ячэісты бетон і гэтыя механічныя каробкі не каштуюць нічога. А людзей – здзьме эканамічным ветрам у Еўропу ці Расію менш, чым за тыдзень. Яны будуць гандляваць у Польшчы, будаваць шматпавярховікі ў Маскве, яны будуць начаваць у вагончыках – карацей, змрочныя дзевяностыя бліжэй, чым ім падаецца.

Учора я ішоў на плошчу паўз вокны рэстарану. Вялікія вокны, поўныя маладой буржуазіяй. Добра апранутыя мужчыны кармілі сваіх жанчын грашыма з талерак. Мужчыны глядзелі ў вочы сваіх жанчын, але зрэдку мы сустракаліся позіркамі. І я, і яны – мы ўсё разумелі. Я разумеў, чаму я іду на плошчу, а яны – чаму яны сядзяць у дарагой вопратцы над талеркамі поўнымі грошай. І ў іх вачах было што заўгодна: пачуццё перавагі, снабізм, які можна дазволіць сабе, заліваючы спадарожніцу французскім шампанскім, але ў іх не было аднаго – страху.

А пасля, паьля скончыліся вокны з наведнікамі і пачаліся вокны, поўныя белых халатаў кухні. Маладыя няўдахі, кшталту мяне, шчыравалі над ежаю, ператвараючы яе ў грошы, яны сустракаліся позіркамі са мною, і ў гэтых позірках быў страх. Яны баяліся, баяліся за свае ланцугі.

Тады я сказаў сябру:
– Пасля перамогі нагадай мне, што я збіраўся разграміць гэтыя галеры.

Праз пяцьсот крокаў мы ўліліся ў натоўп і сталі часткаю вялікай Лілеі, што не змяшчалася на аркуш. Тут было шмат тых, каго я ведаю асабіста. Маладыя прафесіяналы, людзі творчых прафесіяў, проста нейкія мутныя асобы без пэўных заняткаў – мае сябры. Але тут былі і крэпкія маладыя мужчыны. Пазней у інтэрнэце, я бачыў, іх называлі крывавымі правакатарамі.

Можа быць, але там я спадзяваўся, што гэта працоўныя, якія больш не баяцца за ланцугі. Працоўныя з серабранак, на якіх мы чакалі так даўно. Чакалі столькі, колькія я помню, як лілеі малююць на вуліцах.

Там, на плошчы, я зрабіўся часткаю гэтага вялікага, незразумелага мне малюнку. Адною рысачкаю, якую мастак хацеў ператварыць у сцябліну, або ў лісток, але ён забыўся пра гэтую рысачку, і яна так і засталася – недаведзенаю да агульнай карціны. Карціны, якая і складалася толькі з такіх вось недаведзяных рысачак.

Побач са мною былі мае сябры. І людзі, якіх я ніколі да гэтага не бачыў. Мы крычалі нейкія дзіўныя словы, у якіх даўно ніхто не верыў. Незабытыя, але сцертыя словы, сэнс якіх падаваўся далёкаю абяцанаю зямлёю, у якую ніхто з нас не прыйдзе. Бо Маісей, спускаючыся з Сінаю, звярнуў шыю.

Мастак, які пачаў маляваць лілію, ужо забыўся на нас. На мяне, на старога паэта побач са мною, на дызайнераў і праграмістаў, на манагераў і дробных прадпраймальнікаў – на ўсіх, хто стаяў плячо да спіны і спіна да нечаканай лакуны ў малюнку. Лакуны, пакінутай па неахайнасці.


Праз доўгія хвіліны чаканьня, пакуль хтосьці казаў штосьці ў мікрафон, але словаў усё адно не было чуваць, усе мы зрушылі на праспект. Міліцыянты, якія вартавалі дарогу, падаваліся адным з намі цэлым. Яны не былі ні агрэсіўнымі, ні напужаным, нібы яны былі самаарганізаванай часткаю лілеі, эрытрацытамі ў яе жылах – тым, кім і мусілі б быць.

На праспекце стала бачна, як нас насамрэч шмат. Хтосьці падпаліў фаеры. Але гэтая колькасьць людзей-рысачак, якія замалявалі вуліцу ад Кастрычніцкай да Цэнтральнай кнігарні, нічога не мяняла ў вачах галоўнага крытыка. Бо ніводзін крытык у сваіх адзнаках не кіруецца такім крытэрам, як колькасьць паасобных рысачак на малюнку. Спадзявацца на гэта было б смешна.

Ужо на іншай плошчы, якую мы занялі, здаецца, бяз бою, хтосьці званіў у чарнобыльскі звон Чырвонага касцёлу. Я не ведаю, ці ўмеў гэты чалавек званіць, ці разбіў ён звон. Ці вырвуць гэтаму звону язык. Але я ведаю, што хтосьці мусіў схапіць вяроўку і пачаць гаварыць над галовамі людзей. Бо ўсе сабраліся толькі з адною мэтаю – гаварыць, чаго б гэта ні каштавала. Цяжка гаварыць, калі цябе не слухаюць, немагчыма гаварыць з вырваным языком – але пакуль вялікі крытык не схіліўся над аркушам, пакуль ты не папрасіў у яго сто рублёў за сваю лілею, ты вольны маляваць што табе хочацца, што падказвае табе сумленне мастака.

Нехта ўскараскаўся на Леніна і казаў правільныя словы, якія, пасіленыя апаратураю, разляталіся над галовамі сабраных. Ён заклікаў тэлефанаваць сябрам і клікаць іх на плошчу. Нібы не ведаў, што ўсе, каму гэта было важна, і так былі там.
А далей, далей рысачкі скончыліся, і быў час напраўду даведацца, ці змогуць яны ператварыцца ў малюнак, быў час вырашаць. Кожны вырашаў, пайсці ці застацца. Было толькі два выйсця: граміць Дом Ураду ці ісці спаць. Я не быў гатовы ламаць дзьверы і біцца з маладымі хлопцамі, што стаялі па той бок аркушу.

Тых, хто ламаў дзверы, называюць правакатарамі, але я не ведаю, чаго хацелі тыя, хто заклікаў на плошчу грамчэй за астатніх. Мірных перамоваў? Але хіба можа дзяўчынка-аўтыстка прадаць свой малюнак на Сотбіс? Прынамсі, пакуль яна жывая.
Я сыйшоў. Мы сядзелі з сябрам у ягоным офісе, мы яшчэ чулі, як лунае над плошчаю покліч да ўладаў. Словы, якія даўно сцерліся аб яе цвёрды граніт. Мы пілі гарачую гарбату і каву. Мы разглядалі намалёваную дзяўчынкаю лілею. Мы яшчэ нічога не ведалі ні пра зламаныя дзверы, ні пра бойню на плошчы. Бойню без нумара. Чарговую.

Я сеў у маршрутку і разам са стомленымі напрыканцы цяжкога дня людзьмі, што ехалі ў спальны раён, прыехаў дадому. Мне тэлефанавалі тыя, хто хваляваўся за мяне. Дарэмна. Я быў негатовы да таго, каб пайсьці на штурм. Пакуль я гатовы толькі разглядаць лілеі.

Чалавек памірае адзін і голы. Мастацкія крыткі вынеслі прысуд інсітнай працы дзяўчынкі-аўтысткі: «Кампазыцыя ня верная на 76 ацоткаў». Хай яны помняць, што чалавек памірае голы і ў адзіноце. Хай яны помняць, што пашкадавалі сто рублёў для той, якая проста хацела, каб яе лілею стрымана пахвалілі.

Няхай яны помняць, што сапраўднага мастака не спыніць ні адсутнасць фарбаў, ні адсутнасць паперы. Мастак пачне маляваць крывёю. Для яго напраўду існуе толькі лілея – і нічога больш.

Monday, November 22, 2010

Area 51 Resort


En el mapa de Area 51, la base militar secreta que agita el folklore OVNI, los usuarios dejan ratings, comentarios y recomendaciones para un resort para no-humanos indocumentados.

Sunday, November 7, 2010

Blood for maps

A Nicaraguan military commander recently invaded Costa Rican territory, and ordered troops to take down a Costa Rican flag and replace it with Nicaragua's. The incident was caused by an error in Google Maps. (full story)

Monday, October 4, 2010

The Google Paintings






Like all good tapestries, Google’s temporal tissue tells stories. In Morocco, a field’s circular irrigation patterns reveal the seriality of blooming and browning:

Borges famously demonstrated the uselessness of a map at the scale of one to one; in the fragmentary short story “On Exactitude in Science,” he imagines its users becoming just as lost in the map as they were in the world. “In the western deserts,” he tells us, “tattered fragments of the map are still to be found, sheltering an occasional beast or beggar.”
from Mathew Battles, TimeZones

Tuesday, August 17, 2010

El padre de Internet rodeado de sus hijos


meet Vint Cerf, en el centro de la foto, el creador de TCP/IP y comandante de DARPA, el proyecto militar que entre 1976 y 1982 construyó la red que ahora es el campo de juego de millones. En su charla, Vint habló de los errores que ahora no pueden resolver en la arquitectura de Internet ---> como la estructura del DNS Domain Name Server que es la vulnerabilidad del sistema explotada x el hack a GoogleEarth via cache poisoning que diseñamos con EK para Las teorías salvajes :D Fue muy emocionante...!!! en la pic formo un tótem con uno de barba y anteojos.....

Elegantísimo, camisa con gemelos, corbatita y pañuelo al tono, Vint es vicepresidente de Google y lleva el título de Chief Internet Evangelist -evangelista en jefe. Vint trabaja en un proyecto para hacer una internet interplanetaria que conecte las grandes masas supralunares......!!!!

Monday, May 17, 2010

Wonderland

en este blog encontré este modelo 3D de NYC de Google; es bastante magnífico, tiene todo -menos algunos layers, aun- para volverse el escenario de un soberbio massive multiplayer:


encontré también este pensamiento de un game developer acerca del devenir posible de la guerra por la atención, y al leerlo pude percibir un nuevo layer (titilando sobre el layer imaginario del juego massive multiplayer) organizando la forma cliché de la civilización, NYC, espacio de los ciudadanos en su devenir-jugadores morales:

Sunday, April 25, 2010

Facebook lo hace de nuevo

Facebook ha vuelto a tunear su política de privacidad, en una dirección similar a la de Dashboard de Google. En general estas movidas son interpretadas exclusivamente en su tenor de showbusiness con pompa guerrera: titulares como la "pulseada" entre google y feisbuk /microsoft /apple, etc. Pero el capital que denomina esa lucha comercial es la privacidad de las personas. Con su flamante botoncito "me gusta" en cualquier página afuera de Feisbuk, Feisbuk pasa a ceder la información de los contactos, grafo social, perfil de usuario, a esas páginas; a la vez, Feisbuk puede trackear la actividad online de sus usuarios, que ahora dejan huellas FB por la red. Estos cambios ya se implementaron en USA y otras regiones, y pronto llegarán el español. Más profundamente uncanny es la manera de convencer a los usuarios de que no deben dejar de tener este servicio:

"Aceptar te brindará una experiencia más rica de la web. Si no aceptás, tendrás que activar manualmente estas experiencias. Tené en cuenta que si no aceptás tus amigos sí estarán compartiendo su información pública de Feisbuk acerca de vos, para personalizar su propia experiencia en estos sitios amigos, a menos que bloquees la aplicación". En español pronto se verá así:
Consejo: Poner "no gracias", luego Configuración de la privacidad --> Applicaciones y websites, y hacer uncheck de todas las aplicaciones. O darse de baja de FB y seguir apostando al fingimiento de la amistad, pero offline.
Más sobre privacidad en este Garagelab:

Gerardo Richarte en GarageLab 4 Post-Privacidad from GLab1 on Vimeo.



Emiliano Kargieman en GarageLab 4 Post-Privacidad from GLab2 on Vimeo.

Friday, March 12, 2010

El lobo y yo en El País :D

"El plan maestro de Pola Oloixarac", por Gabriela Wiener para El País

"El gran acontecimiento de la nueva narrativa argentina", como lo ha llamado el pope de los novelistas de ese país, Ricardo Piglia, tiene a las celebrities del cosmos literario hispánico alborotadas, primero al otro y ahora a este lado del charco. Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977), que acaba de aterrizar en España gracias a la editorial Alpha Decay, no sólo es un desternillante catálogo contemporáneo de doctrinas sobre la guerra en tiempos de Google Earth, tan impracticables como indestructibles, sino también una sátira de la oficialidad académica, política, cultural y progre de los setenta, bombardeada con los argumentos/armamentos de una mujer fatal. Aunque cuando su autora escucha decir que parece un Houellebecq con falda y tacones, afirma llevar "la mano a mi revólver".

Pese a su aspecto de pin up, su léxico de doctora en filosofía política le ha granjeado muchas enemistades; algunos la han acusado de reaccionaria, por su potente crítica a la izquierda de su país; otros (los que más) de guapa; de impostora, y hasta de "escribir sin amor". "¡Pero la novela está llena de amor! Hay mucho amor a la teoría, pasiones nerds, la vida interior de la erotomanía. Y filosofía, que es algo más que la excitación sexual por el saber", defiende la escritora. Pero ¿quiénes la odian? "Me odian los emos sin sentido del humor, los velocirraptores", asegura. ¿Y quién la ama? "Los amantes de las emociones fuertes, del vino, la filosofía, las olivas y el jamón". ¿Fuentes para esa inspiración caleidoscópica? De todo un poco: las facultades de filosofía, que ella define como "ecosistemas gagá" donde encontrar "perfectos personajes de comedia". Lo modernillo y friki del último Buenos Aires "como motivación morbosa". Y, desde luego, la campante "tácita aceptación de lo inhumano", como reza el epígrafe de Theodor Adorno al inicio del libro: "Me interesa la violencia como parte de la cultura, un componente obsceno que se exhibe como una cualidad obvia de la civilización, cuando es brutal".

Por su discurrir mental y verbal salpicado de cibercultura, porno y videojuegos, y por su talante innovador, la tentación de situarla como prima porteña y tardía de la española generación Nocilla también sería grande si no fuera porque esta novelista punk, filósofa, blogera, experta en arte y tecnología, cantante dulce del dueto Lady Cavendish, modelo sexy en las revistas y devota de los zapatos del malogrado Alexander McQueen, es escandalosamente inclasificable. "Se trata de una novela brillante, excitante y pedante, a partes iguales", opina de Las teorías salvajes el crítico literario Ignacio Echevarría: "es decir, rabiosamente argentina. Sorprendente, también. Y una prueba de fuego, además, para tantos escritores españoles que, con mucho menos atrevimiento, se las dan de modernos". El escritor Javier Calvo, por su parte, cree que para los que están alimentados de su "dosis de nocilla patria y traducciones de Anagrama", descubrir esta novela, "parecida a Sterne, a Nabokov, a Pynchon y yo qué sé a qué más", va a suponer un "patatús". "Yo personalmente me rindo de rodillas ante su narradora monstruosamente erudita, cruel y virginalmente cautivadora", confiesa el catalán. Para Julián Rodríguez, editor de Periférica, lo mejor es "su desparpajo y esos lados oscuros que me hacen preguntarme sobre cómo y qué debemos narrar, algo que no todos los libros consiguen".

Etnografía de un fenómeno

Como las ceremonias de iniciación para ciertas tribus aborígenes que aparecen citadas en su libro, el rito de paso para Oloixarac tuvo un despertar salvaje: las "orgiásticas sesiones" con los clásicos de Occidente. Pero tras peregrinar de Borges a Descartes y a través de "una obscena serie de hombres, varios cientos de años mayores que yo", llegó el momento de experimentar esa "aventura perversa que es pasar de la teoría a la práctica" y escribir una novela. Ésta es la primera.

Aunque el libro tiene tantos hilos argumentales como una tela de araña, éste puede ser uno: en un decorado extravagante, dominado por erotómanos, freaks y guerrilleros tecnológicos, se pasea la protagonista, una estudiante de filosofía obsesionada con su profesor, que decide someter a un tercero para poner a prueba una teoría que consiste en la transformación del imperativo marxista-leninista en una escena coital. Las etiquetas para entender Las teorías salvajes son, según Oloixarac, "comedia negra", "experimento con el zeitgeist [o espíritu del tiempo] moral y tecnológico", "el geek en la época de la reproductibilidad sexual".

Oloixarac escribe sumergida en su particular lenguaje y, en sus palabras, "buscando crear los túneles subterráneos, dentro de él, para poder dar con una forma de organizar el mundo, volverlo más hermoso y manejable". Finalmente, su mayor influencia, dice, es el vale tudo, una lucha brasileña donde puedes usar todas las partes del cuerpo. "Al igual que en literatura tienes todo el cuerpo de la cultura para dar tu combate", proclama.

EP3. En poco tiempo ha concitado mucha expectativa entre los autores y críticos españoles, y muchos ni siquiera han leído su libro. ¿Le ha sorprendido?

Pola Olaixarac. Bueno, no. Forma parte de mi plan de dominación mundial.

EP3. Sus personajes lo mismo citan a Rousseau y Hobbes que a Alex P. Keaton, de Enredos de familia, y a Gordo Porcel, el cómico obsceno argentino.

P. O. Es que adoro las comedias malhabladas y las tiras inocentes. Todo lo que quieras saber de una cultura en un momento dado está ahí.

EP3. ¿Así que lo más natural en usted es mezclar citas intelectuales con las alusiones a su biquini? Dijo que la portada argentina de su libro era rosa por el color de su biquini favorito.

P. O. Como diría la gran Esther Williams, que jamás usó uno, un biquini es un acto que se hace sin pensar.

EP3. Entonces lo de la moda va en serio. ¿Por qué ha decidido dedicarse también a la crítica online de moda?

P. O. Creo que mi primer post sobre moda surgió al enterarme de que los uniformes nazis habían sido diseñados por Hugo Boss. No pocas veces, hojeando Vogue Italia, he tenido la sensación de estar ante un prodigioso tratado de sociología, mucho más profundo e innovador que muchos ensayos.

EP3. No sólo en las comedias ingenuas y en las revistas de moda le encuentra usted alma a la cultura. En la novela también analiza la lógica de otro gran producto cultural: el comentador violento de los blogs.

P. O. La autoestima y el desprecio son un mismo movimiento y una forma de subjetividad contemporánea en el comentarista violento. En el blog me hice muchos amiguitos, y gracias a los robots de spam tengo información muy actualizada del precio del Viagra y excelentes oportunidades de negocios con viudas de ex presidentes nigerianos.

EP3. ¿Quién es la Lady Cavendish que da nombre a su banda?

P. O. Una dama maravillosa del siglo XVII que escribió poemas sobre átomos, liebres y la infinidad de los mundos. Con mi amigo Esteban Insinger los transformamos en lieder para piano y voz.

EP3. ¿No le parece que se está pasando de moderna?

P. O. No sé, pero la modernidad es nuestra antigüedad, recurrimos a Baudelaire y Duchamp como los renacentistas babeaban con los grecolatinos. En términos culturales, es un poco inevitable. Ésta es una época renacentista. No me culpes por ello.

Sunday, March 7, 2010

Google vs. China

por Pola Oloixarac para Radar

A mediados de enero, Google declaró que había sufrido un violento ataque cibernético, en el que propiedad intelectual de la compañía había sido robada. No era la única víctima; a pesar de que el hackeo a Google fue datado en diciembre, se lo vinculó con una ola de ataques (los Aurora) que habría comenzado en abril de 2009, afectando a un total de 34 titanes de tecnología de EE.UU. (Microsoft, Intel, etc.). En un golpe sumamente exitoso, los atacantes desconocidos habían penetrado la seguridad de computadoras pertenecientes a “personas clave” de cada empresa, robando el preciado código fuente de sus productos. Los ojos del gigante herido apuntaban a China, y Google pidió explicaciones al gobierno de Pekín por los ataques; ante la falta de respuesta, declaró que cerraría sus oficinas en China si no le permitían trabajar sin ejercer la censura en ese territorio. Si bien Google venía aplicando desde 2006 los filtros de censura que impone el régimen chino (cinco años de cortejos al mercado de Internet de crecimiento más explosivo le había labrado un segundo puesto lejano de Baidu, el principal buscador chino), ahora adoptaba un discurso de política exterior que incluía en su agenda la defensa de los derechos humanos: los atacantes no sólo habrían robado el código fuente, sino también habrían robado mails de activistas, configurando el fantasma de un agresor nacional (aunque el código fuente es una galletita más bien tentadora para una compañía de la competencia, como Baidu; y los mails de los opositores sólo interesan al gobierno). Pero si bien el CEO de Baidu renunció a los pocos días alegando “motivos personales” (lo que podría haber zanjado el asunto como un caso de espionaje industrial muy difícil de probar), y tampoco hay pruebas de que los ataques provinieran de China, la escalada mediática ya se enfocaba en el flamante rol de Google para enfrentarse a una nación autoritaria, en un despliegue de política exterior que incluía una coreografía de Hillary Clinton negociando la deuda en China para reactivar la economía de EE.UU.

¿Es Google el emisario del bien y la libertad, como expresa su lema empresarial Don’t do evil? ¿O existe una trama secreta conspiratoria, de la que pende la información (el destino) de los millones de usuarios de los servicios de Google? Algunos creen que Google es tan idealista (y le sobra tanto el dinero) como para darse el lujo de luchar por la libertad en China, otros creen que éste es el inicio de una nueva cortina de hierro digital. Pero ¿puede realmente ser alguna de las dos?

¿Sueñan las corporaciones con problemas morales?

Heredero directo de las visiones de William Gibson y la crítica al liberalismo de Carl Schmitt, el escenario donde las corporaciones ocupan progresivamente el rol político de las naciones, hasta opacarlas a un lugar meramente administrativo, es la profecía posmoderna de la reorganización del mundo; así, la pregonada debacle de los estados-nación encontraría en la literatura cyberpunk su desarrollo esperado. Luego de declarar su súbito compromiso por resistir la censura en China, Google hizo otro anuncio: trabajaría en conjunto con la NSA para investigar los ataques. La NSA es la agencia de Inteligencia que nació para no existir (el rumor es que las siglas corresponden a No Such Agency); su misión es el espionaje electrónico. La NSA está a la vanguardia de la cooperación silente del gobierno con compañías y de construir relaciones porosas con ellas. Según pasan los años y las tecnologías (y con ambos, las guerras sucesivas), corporaciones como General Motors, Boeing, Lockheed Martin se beneficiaron asociándose a la estructura de la defensa norteamericana, colaborando como socios del gobierno, de acuerdo a la dinámica del complejo militar-industrial: una coalición informal y cambiante de grupos con intereses en el mantenimiento de altos niveles de armamento, para la preservación de mercados coloniales y con una visión militar-estratégica de los asuntos internos. En el nuevo escenario de la ciberguerra, un prócer por escribirse es Michael McConnell: ex jefe de la NSA, ahora a cargo de la consultora privada Booz Hamilton, fue asesor de Bush y hace unos días declaró en The Washington Post: “Tenemos que reestructurar Internet para hacer rastreable quién lo hizo, por qué, desde dónde y cuál fue el resultado. La tecnología para esto ya existe, y está disponible en fuentes públicas y privadas, sólo tenemos que tener la voluntad para incluirlas en nuestros sistemas”. McConnell se refiere, naturalmente, a la voluntad política, y como ha demostrado la caída de las Torres Gemelas, no hay nada mejor que un ataque para construir la voluntad política que permita vulnerar las libertades individuales en pos de la seguridad nacional.

“Google tiene a los 10 mejores cerebros en seguridad del mundo. No necesita a la NSA para investigar un ataque. En todo caso, el trato no puede venir por ese lado”, comentó a Radar un hacker consultado. La idea de una colaboración de Google con la NSA (o mejor dicho, que esto se inscriba en el guión público de la política exterior) no sería tan llamativa si Google no dispusiera del mayor arsenal de información sobre personas del mundo, y si la NSA no se dedicara a espiar. En el frente psicológico de las multitudes internautas, con una juventud nativa-digital dedicada a la transmisión de sus yoes en sus íntimos detalles, esto es paralelo al declive de la privacidad como derecho, para volverse un commodity: un bien con muchísima demanda, pero sin valor especial. El descubrimiento fundamental de Google, la base de su modelo de negocios, no es matemático sino psicológico: Google descubrió que a la gente no le importa que sus mails sean leídos y que se contenido sea “realzado” con publicidad. A las cuentas de mail, Google ha sumado un producto (Dashboard) que registra todos tus movimientos en la web cuando estás logueado en g-mail; ha enriquecido sus perfiles con geolocación (que envían automáticamente publicidad de acuerdo a lo que escribiste y a donde estás), y recientemente ha integrado Buzz, un agregador de otras redes sociales que permite dibujar el grafo de todas las personas que conocés, la frecuencia y los temas de los que hablan. El asunto ha puesto en alerta a muchos expertos, que diseñan maneras de protegerse ante esta ampliación de la política de espionaje interno de Estados Unidos al resto de los usuarios que quedan del lado de Occidente. “Si las mismas herramientas que sirvieron para monetizar la web se convirtieron en un paraíso de la vigilancia, la NSA tendría acceso a una base de datos constantemente actualizada para poder buscar terroristas y otros enemigos de la paz mundial”, comentó Gera, un experto en seguridad informática.

Revival de la guerra fría

El año pasado, un espía digital que trabaja para fuerzas aliadas, al que llamaremos Jay, recibió un llamado de uno de sus clientes chinos. Le pidieron que viajara a Las Vegas, a encontrarse con un militar norteamericano en el lobby de un hotel. Jay tenía que darle este mensaje: “Hemos perdido el control de un botnet, alguien lo secuestró y no sabemos quién es. Sólo sepan que si reciben un ataque de estas características, no fuimos nosotros”. Un botnet es una red de máquinas tomadas, que pueden lanzar ataques simultáneos; es la forma cibernética de un ejército distribuido de agentes en el que es imposible detectar quién los comanda.

En la presente etapa de la ciberguerra, están quienes afirman que existe una cortina de hierro que divide a los países donde existe la libertad de aquellos donde no. Unos usan Google, los otros no. Regímenes autoritarios como el iraní foguean esta interpretación: recientemente, dieron de baja el servicio de G-mail para neutralizar la discusión política (que se daba en G-mail). Pero abonar esta fantasía implica desconocer la escena de China. “Es caótica. Está el gobierno, pero hay muchas facciones dentro del gobierno, y cada una tiene capacidades especiales y montan sus propias operaciones. También hay rumores de que los chinos “alquilan” sus botnets a terceros; luego, los entrepreneurs de tecnología son miembros del Partido, pero lo más probable es que, si hubo un ataque realmente, nadie esté en control. Luego hay muchísima gente brillante que, naturalmente, entrena sus capacidades violando el mal software norteamericano, y gente que hackea por diversión y que se dedica a colección de vulnerabilidades no reveladas para usarlas en cualquier momento”, comentó Jay a Radar. La naturaleza de las armas en cuestión hace que sea muy fácil construir una red de agentes (botnet), y quien encuentre una falla de seguridad podrá hacerse del control de ese robot. Hasta ahora, los reportes señalaron lugares y descubrimientos que no salen de lo usual: que se trataba de una falla de Internet Explorer y que el ataque había pasado por el ámbito universitario. “Pero es un clásico de los ataques pasar por la universidad: son públicas, y es imposible seguir la pista de quién estaba sentado en ese momento en ese lugar”, comenta Gera.

Por su parte, los medios chinos dieron una amplia cobertura al establecimiento, desde el año pasado, de un cibercomando operando dentro del ejército norteamericano. Un experto consultado por el gobierno chino expresaba su preocupación acerca de cierta forma naciente de ciberimperialismo: “Estados Unidos planea imponer su agenda global a expensas de la inseguridad de todo el resto de los países”.

El nuevo espiritu del ciberimperialismo

En El nuevo espíritu del capitalismo, Boltanski y Chiappello analizan la nueva cultura de negocios que surgió en los últimos 40 años; el modo en que las compañías de tecnología se apropiaron de un discurso libertario para crear culturas de empresas que enfatizan la creatividad, la libertad individual y otros valores propios de las comunas artísticas para combinarlo con el modelo informático de trabajo, centrado en proyectos, y cómo ese nuevo contrato suponía una lavada de cara del capitalismo, esencial para atraer jóvenes trabajadores a la nueva economía del conocimiento. Esa lavada de cara tiene en Google un brillante exponente, con oficinas diagramadas para ser una Disneylandia nerd y un departamento de relaciones públicas con un fuerte discurso idealista. Si el Estado es la suma (y los dividendos) de sus corporaciones, el escenario post-industrial y el crecimiento de la grandes compañías nacidas en el mundo de la información prefiguran una avanzada de corporaciones de Silicon Valley que pasan a integrarse al nuevo complejo industrial militar.

Una de las cualidades de la ciberguerra, y que la hace fascinante no sólo como objeto teórico sino como oportunidad para el pillaje, es la dificultad para definir qué es un acto de guerra. Los actos transcurren en la invisibilidad, entre la conspiración y formas más o menos veniales (civiles, comerciales) como el robo, el espionaje y la violación secreta de código ajeno. Cuando la infraestructura de telecomunicaciones, la digitalización, el procesamiento y el análisis de la información están en manos privadas, lo que se da es una privatización de facto del campo de batalla. Sin combates físicos, la guerra es la política por otros medios (a saber: psicológicos, periodísticos) donde la escalada de presupuestos y discurso equivale a la movilización de tropas. La noticia del ataque tuvo el impacto esperado: titulares por todo el mundo glosan la nueva batalla de la libertad digital contra la opresión y la censura. En tiempo de palomas, la maquinaria de guerra encuentra en el bombardeo de paquetes de datos lo que los halcones quisieron buscar entre los hierros retorcidos de las Torres Gemelas: el enemigo existe, es público, y este marco mediático es un llamado a la movilización para un nuevo tipo de guerra, donde un nuevo tipo de compañías reclama su lugar en un complejo militar industrial que debe ser renovado. Ya en su búsqueda de un cyberzar, Obama había tentado al CEO de Google, Eric Schmidt, y sus otros cuatro candidatos representan las compañías con las cuales redibujar la cara de la defensa nacional. Para el resto de los usuarios del mundo, un pacto de esta naturaleza implica quedar dentro del acuerdo doméstico que Google establezca con su país (que es, además, el que determina que su definición de privacidad es legal, para poder operar y hacer dinero). Porque aunque Google declare (y acaso profese) las mejores intenciones para luchar por la libertad en China, lo que está en liza –a partir de un ataque cibernético del que no hay pruebas– es que éste sea el fin de Internet libre y abierta como la conocemos.

RELATED: march 6th, el NYT descubre doble discurso de compañías y gobierno federal en Irán

UPDATE: Una semana después Google Argentina contactó al editor de Radar (extrañamente, a través de su cuenta personal de gmail) para negar toda conexión con la NSA, solicitando que Radar publique un comunicado oficial de Google en réplica a este artículo. Este no fue publicado.

Thursday, January 14, 2010

Repensar la web


“It’s as if culture froze just before it became digitally open, and all we can do now is mine the past like salvagers picking over a garbage dump.”

“Creative people — the new peasants — come to resemble animals converging on shrinking oases of old media in a depleted desert.”

Jaron Lanier, citado por new york times.

Sunday, November 29, 2009

The shoe love story

by Srta.Pola for El Fashionista

I took off from Tenerife to London with a .doc named Shoe Love story titillating on the Word app built-in in my head. I was haunted by the images of the Alexander McQueen show (saw it first on El Fashionista): more than an amazing fashion collection, it was the experimental sketch of a brand new species of amphibian ladies from the future –but the shoes, alas, the shoes! They were maddening up everything, as in conceptually-over-the-top. Those shoes implied a mutation, something that went beyond the simple hybrid (the anphibian creature), and reminded of that very passage that forces science-fiction into bio-genetics: I mean, it didn’t merely set out to imagine a transformation, it enacted it by operating directly on the body… I was glacing through Vogue Paris in the plane and revising mentally the caché at Style.com, the versions of Pliny the Elder and Plato on Atlantis (that many allocate in the Canary Islands, that I was leaving behind), and thought: heck, if archeologists analyze the writing of old civilizations, well they could properly examine the shoes, since they’re the fountain pens of the body, leaving traces of the self. Why was The Shoe such a key-device to figure out a civilization? What is the fascinating nature of shoes, why are they so inherent to feminity, and personality… in short: which was the missing link between the soul and the shoe?

As soon as I landed in London, I duly pilgrimed to the modern shoe sanctuary: Nicholas Kirkwood, on Morocco Street. A ravishing beautiful blond, cat-eyed like Sasha Pivovarova, passed in a hurry and I heard a heavily Russian-Eastern Europe dyed accent, that reminded me of Greta Garbo in Ninotchka… could it actually be Sasha?? When she told me her story, I thought it was even better (though i did began hating myself for leaving my iphone in the hotel). Dressed simple but very chic (Topshop tshirt, black miniskirt on black leggings), Kasia Tkaczyk revealed being a former model original from Poland, who had studied French Lit and Business in Sorbonne –“6 years in the university so as to make up for the heavy partying of my model years in Paris”, she tells me giggling. At 28, she was in charge of finance of maison Nicholas Kirkwood, Brittish god of shoes and guru of hipsters all over the world (that the Mulleavy sisters dressed the bony feet of models in Rodarte’s latest collection on NY Fashion Week, and that celebs go trotting around red carpets in Kirkwoods, are some signs of this fever). Kasia takes a Kirkwood knock-off and teaches me a new way of looking at shoes:

- See the platform? Look at the evolution of the platform: first, in the winter 08 collection, the platform draws this way in the space –then, in 09, the curve of the platform goes on to dialogue with the upper side of the heel. In these shoes, evolution went towards the light… you walk and, because of the mirroring surface on the platform, it shines back at you as you walk.

This pretty little heel on the right costs 1.100 euros, and it’s made of 36 pieces of exotics hand-sewn in Milan (Kasia has a pair, oh blessed those who work for Nicholas!). She hands me a pair to try it on, I take off my humble Mischka heels, and close my eyes when I feel the delicate touch of the skin… already standing, I don’t even feel them on, and the shinning back works its magic as I fancy myself emitting golden trails. It’s a work of art, of artisan-ship and time, and at the same time is pure vanity that makes you oh-so-tall and instant kilometer legs. Kasia must have seen my ecstatic countenance, she adds:

- At this level, of high-end fashion, it’s not about commercial products: they’re works of art.

Every angle is a space for creation: everything transforms as we step, our bodies transform and get a rush of secret energy, because shoes take us where we want to go, and they are also instruments for us to ran away from what we dislike. Aren’t shoes pieces metaphor of feminine existence?, I muttered, as I walk away from the mirror with my golden shoes flashes popping about the carpet.

Chatting with Kasia is great because it’s always fun to deal with fashion matters –so banal to the non-initiated- with utmost depth. She tells me how Asia is setting off to become a major luxury producer (see Alexander Wang's Spring 09, everything made in Asia); she tells me how exhausting are Paris Fashion Weeks for her, she barely has time to go to parties because she has to be up at 7am in the shows and talking to clients. She likes cooking shrimp soup, wearing American Apparel’s white cotton tshirts (“I was in Miami for vacation and got myself a few, they’re cloudy-soft). We talk about Gossip Girl, which we love, about McQueen (“such a major genious”, says Kasia with a hint of devotion in her feline grey-blue eyes) and we agree that Manolo Blahnik is been doing quite boring shoes for the past years… always the same heel, too lady-like. She likes Giuseppe Zanotti, but she doesn’t wear Christian Louboutins because the width is fined down and it makes it painful: “you can’t let a shoe betray you at a party”, she concludes cathegorically. For her, the best of working in fashion is expressing herself through fashion. Next year she’s getting married to a fellow Argentine guy, and she already bought her designer dress, but we can’t put THE name here because her fiancè –despite utterly illiterate in the connaissance of fashion like most boyfriends and lovers- might google it, and she adds in her Ninotchka accent: “oh I’m very traditional, I don’t want him to see my dress nor even on Google!”


Kasia tells me Rihanna has asked them for shoes, but her size is 42 and they only make till 41. I never imagined that my trip to London, and all the delirium that began with the amphibian phantasies by McQueen, would end up with me plunging in a cobweb of sweet identification with Rihanna. She can’t trot around the world on Kirkwoods because her feet are a weeny bit too big, and I can’t either because they’re so marvelously expensive! :D

Tuesday, July 21, 2009

Operación Mani-Pedi


De cuando la novela rosa ingresa en el limbo maravilloso de los dentistas y las depiladoras, las peluquerías y las salas de espera ginecológicas


REVISTA PARA TÍ
: "Vivir para contar", Por Julieta Mortati. Quince minutos después llegó Pola Oloixarac con los labios pintados de fuscia metálico, auriculares extra-grandes -antimundo y con una sonrisa gigante abrazó a Samanta (Schweblin): "Tenía muchas ganas de conocerla", dijo. ¿Cómo sería la vida ideal de ustedes? PO: A mí me gustaría hacer como Agatha Christie. Ella escribía seis meses y después se iba 6 meses a hacer trabajo arqueológico a Medio Oriente, y obviamente tomaba notas. Quisiera dividir la vida así y tener esas aventuras, ir a la China.

REVISTA LA MANO: "La escritora salvaje", por Fernando García. Al que dijo "Fogwill con polleras" le digo naaah naaah y requete-naah. La veo mucho más Carly Simon con ojazos de Clouds in my Coffee y todo en la penumbra del Café de los Incas, con Brian Ferry colándose en mi grabador digital. [...] Les voy a contar cuál es el éxito verdadero de LTS. Estoy tratando de decir que la novela crea un mundo tan poderoso que puede pluggearse como USB a nuestro rígido cotidiano. Y !bum! tras un devaneo en torno al oxímorom de teorías salvajes y la delgada línea entre la racionalidad extrema y el desprecio por la humanidad, a la Oloixarac le salen frases de aquellas ("Galimberti es mucho más interesante que Voltaire"); y para seguir por esa senda, digamos que LTS explica paso a paso cómo hackear el programa GoogleMaps tal como un panfleto de la tendencia podría pasar la receta de una molotov. Y que consigue integrar la herrumbe del mundo académico con una crítica de la izquierda acrítica (y no, no es reaccionaria por eso, Houllebecq tampoco) y un friso generacional que entrelaza a la Buenos Aires geek-posmo de la post-crisis como nunca hemos leído aquí. [...] Foto: Sebastián Freire.

REVISTA VIVA: "El Malestar de la cultura". Rara comedia en tres o más actos, el libro de la joven autora PO agotó su primer edición desde el mes de Enero de 2009. Entre la tradición apócrifa y la erudición tecno (un lugar poco común en nuestras letras) le queda lugar para una revisión crítica de la izquierda y el castillo de Filo de la calle Puán. Polémico -enhorabuena- zafa del pastiche con inusual madurez narrativa.

Wednesday, May 27, 2009

Sobre la yuxtaposición de tiempos

Hypercities es un proyecto encantador, por varias razones:
1. unifica la información de la web con las coordenadas espacio-temporales con las que solemos identificar al mundo real. El browser imita ahora una ciudad, donde la metáfora benjaminiana del flaneur perdiéndose entre links se troca por un paseo-browsing de espejos urbanos. En lugar de organizar la información en links, keywords y pantallas planas que se suceden, la información se materializa espacialmente en la forma de un flanerie de descubrimiento, en la forma de la sensación visual de atravesar una ciudad.
2. En el dispositivo del final de LTS, los jugadores descomponían una parcela de mundo yuxtaponiendo secciones temporales sobre el canvas del espacio de Googleearth. En LTS es un hack, mientras que en Hypercities -una vez que esté en funcionamiento- esto sería una actividad legal. Como todas las cosas que valen la pena, siempre hay una manera legal y otra ilegal.

3. Esto se conecta con algo que me pasó Pabst sobre Googleearth: la forma en la que la yuxtaposición de los tiempos, clave del envenenamiento del espacio-tiempo a partir del DNS poisoning, está creando problemas interesantes en Japón. Google se alió con los mapas históricos de Rumsey, lo que les permite ahora superponer mapas antiguos sobre los planos actuales de ciudades como Tokyo. Sólo que ciertos domicilios no debían jamás conocer la luz, i.e. los de los encargados de las tareas bajas (verdugos, sepultureros, trabajadores del cuero -sic-), y ahora los antiguos burakumin quedaron al descubierto porque, superponiendo los mapas, sus casas coinciden con el koseki (el registro familiar japonés). En Japón esto violenta la armonía del secreto que sostiene el sistema de clases. Los efectos de la yuxtaposición de los tiempos son potencialmente infinitos y, de a poco, no inescrutables.

Monday, March 2, 2009

Datamining del contexto

En el video de youtube, un policía golpea a una chica. En el google ads asociado, hay una publicidad que te invita a hacerte policía. A veces los algoritmos de Googleads funcionan bien, y a veces no tanto. A veces lo mandan a Quintín a sentir que tiene que anotarse en la facultad ;D
Y por segunda vez, la foto de Stefania Fumo salió en Perfil sin poner su crédito fotográfico!!

Wednesday, February 4, 2009

Google Maps encuentra una brecha en el espacio-tiempo

La imágenes del Google Street View muestran guerreros medievales que batallan en Pittsburgh, Pensylvania. Puede tratarse de una simple fisura en el continuo espacio-tiempo; o es el dispositivo la superposición de tiempos y espacios explicitándose.

Saturday, November 1, 2008

El capitalismo nerd y la nueva cultura de negocios

por Pola Oloixarac para Brando

Todas las épocas tienen una industria y un héroe que las caracteriza. En Rojo y Negro, Stendhal pone en escena la fascinación que Napoleón ejercía en los jóvenes ambiciosos del XIX; en American Psycho, de Bret Easton Ellis, el teatro es la sociedad triunfal del capitalismo reaganista y su héroe, Patrick Bateman, es su encarnación diabólica. Los héroes cambian según cambian los modos de acumulación de capital: en la época de Stendhal, la forma de acumular riqueza era la guerra; en American Psycho, la especulación financiera de los 80s.

¿Pero cómo se volvieron los nerds los héroes de nuestra época? No basta con señalar las trayectorias de Bill Gates (demiurgo de Microsoft) y Steve Jobs (guía espiritual y CEO de Apple), o comentar el origen digital de los miles de millones que ya acumulan los fundadores de Google, Larry y Sergei. El ascenso al estrellato de los nerds tiene que ver con un cambio cultural que no sólo proviene de la obsesión creciente con la tecnología, o con el impacto de Internet en nuestras vidas: es un fenómeno que viene gestándose a partir del apogeo del capitalismo más salvaje, en los 80s.

Hasta el estreno de La Venganza de los Nerds, en 1984, la idea de un héroe nerd era impensable. Ser nerd no se elegía: ser nerd era algo que se sufría. El nerd era el animal omega del campo de batalla escolar. Aislados, anteojudos, objeto de burla constante, los nerds eran algo así como la clase oprimida por los chicos populares (bellos, deportistas, típicos machos alfa) y la Venganza de los Nerds ponía en escena la rebelión de estos nerds contra los chicos populares, los que tenían el poder. Emplazadas en mundos juveniles, La Venganza… y sus secuelas contaban una versión pop de la lucha de clases, donde el nerd, el pequeño experto en computación, se alzaba con la conquista de un objeto de deseo tan idealizado como concreto: las chicas lindas.

Estamos en el año 1984. En el aviso de Apple titulado “1984”, el más caro de la historia en su momento, una chica con shortcitos naranjas irrumpe en un mundo gris habitado por autómatas. Perseguida por fuerzas policíacas, la chica hace estallar la pantalla donde habla, gigante, la cara de Big Brother. En la fantasía publicitaria de Apple, IBM encarnaba el estado fascista descripto por George Orwell en su novela “1984”: la cara del monopolio, del capitalismo alienante que había que detener. Era la primera vez que una computadora (Macintosh) empleaba argumentos ideológicos para competir con otra (IBM). Por entonces el sobrenombre de IBM era “Big Blue”: las mismas iniciales de Big Brother, el mismo poderío totalizante.

Comenzaba a darse un cambio cultural: el ascenso del héroe nerd, con su rebeldía al status quo y su rechazo a los monopolios (al monopolio de IBM sobre el mercado de la computación, al de los chicos populares sobre el mercado sexual), se combinó fácilmente con el discurso crítico del capitalismo que habían ensayado las utopías de los sesenta. Estas utopías, que se suponían derrotadas por no haber encontrado triunfos políticos duraderos, se volvieron esenciales para la mejora de imagen que necesitaba con urgencia el capitalismo. Cada vez más, el vocabulario del management incorporó valores que no figuraban en el horizonte del trabajador típico del siglo XX, y sí en la agenda de artistas e idealistas: creatividad, iniciativa, autonomía personal, más libertad, menos jerarquías, más flexibilidad, rechazo al trabajo como alienación, el trabajo como realización personal.

Surge una nueva cultura de negocios; en ella, la venganza de los nerds contra el viejo capitalismo es imprimirle el tono afectivo de su propio crecimiento. Pensemos sino en el lema empresarial de Google: Don’t be evil (no seas malo). Es una versión del capitalismo que sólo podría venir de padres progres.

El nerd nativo

De este lado del mundo, en los últimos años se ha instalado una convicción: que existe una oportunidad para desarrollar una industria de software capaz de posicionar a la Argentina en el mapa de la tecnología mundial. El país cuenta con una de las fuerzas de trabajo mejor educadas de Latinoamérica y gran espíritu emprendedor: en la época de las puntocom, casi un 70% de los proyectos latinoamericanos fueron argentinos. Hay un mercado global de software en crecimiento explosivo, con un potencial de un retorno altísimo para las inversiones; el cambio actual beneficia las exportaciones, y la creación reciente de un ministerio de Ciencia y Tecnología parece ser otro guiño a favor. Con los pasos adecuados, el perfil productivo tradicional del país podría sufrir una revolución de la mano de una avanzada de nerds expertos en tecnología.

El entusiasmo ya cuenta con un puñado de éxitos resonantes. Mientras las puntocom se hundían en la debacle, comenzaba la historia menos conocida de las compañías que apostaron a la base tecnológica del software. En 1999, Emilio López-Gabeiras y Félix Racca fundaron Fuego Technologies, compañía de software para empresas que se vendió en 87 millones de dólares; en 1997, cinco hackers legendarios armaron Core Security Technologies, que con clientes como la NASA, Microsoft y Google, entre otros, factura millones de dólares al año y es líder en el espacio supercompetitivo de la seguridad informática. Fuego se estableció en Dallas, Core en Boston: los dos mantenían sus propios equipos de ingenieros en Buenos Aires y promovieron culturas de empresas inéditas en Argentina, con flexibilidad de horarios, jeans y zapatillas, tenencia de capital accionario de los empleados y énfasis en la investigación. Por esos años, Esteban Sosnik se puso a la cabeza de Wanako, una compañía de videojuegos para Xbox, que Vivendi compró en 2006 por una suma sustanciosa.

La nueva camada de emprendedores va por el espacio de los videojuegos, Internet, empresas web2.0 y aplicaciones de software de inteligencia artificial. Además de proyectos, ya tienen su propio distrito: Palermo Valley. Primo púber de Silicon Valley, el último Palermo nuclea a la comunidad de programadores, diseñadores, bloggers, entrepreneurs e inversores de Buenos Aires. Si en los noventa las puntocom eran aventuras de egresados de escuelas de negocios, la población veinteañera de Palermo Valley creció con la tecnología y con Internet. “Somos mucho más nerds, con más conciencia de la tecnología”, acota Santiago Siri, el iniciador de la movida que ya nuclea a varios cientos de geeks.

Adolescentes en la Argentina menemista, crecieron jugando con la Commodore 64, el Atari, explicándole a sus padres cómo usar sus celulares y navegar en Internet. Acostumbrados a la inundación de productos tecnológicos que se volvió masiva para las clases medias en los noventa, tuvieron un acceso prácticamente ilimitado a toneladas de cultura pop, gadgets (y pornografía): el deseo incentivó su conocimiento. Poco a poco, el triunfo de los nerds se cristalizó en un orgullo de pertenencia. Empiezan a llamarse a sí mismos geeks, sibaritas de la tecnología, consumistas confesos, dependientes afectivos de sus computadoras, desprejuiciados y celosos de su libertad.

Los eventos de Palermo Valley se hacen una vez al mes en distintos bares del barrio y alrededores. En las horas pico pueden verse más de 400, con una mayoría masculina que ya empieza a atraer a las chicas que vienen a la caza de geeks. Se escuchan cosas como “Antes, los chicos se juntaban para hacer bandas de rock; ahora, arman startups de Internet”. La web2.0, la nueva ola de Internet motorizada por el contenido de usuarios, les dio una confianza en el poder de la red que deja atrás las antiguas modas individualistas. La prioridad es conocerse, compartir experiencias y hacer lo que les gusta, y en segundo lugar, ganar buen dinero con eso. No son poses, sino creencias reales. Reina la sensación maravillosa de quienes crean grandes cosas, y creen en ellas. No ponen en duda el valor del dinero ni el juego del capitalismo; para ellos, “la revolución será monetizada, o no será”.

El desafío del modelo

En otros lugares del mundo, la industria del software ha llegado a transformar las economías nacionales. Israel pasó de ser un líder exportador de cítricos a ser uno de los actores claves de la industria del conocimiento. Allí, la demanda de tecnología militar (y un plan de educación sostenido durante treinta años) creó no sólo un ejército de ingenieros excepcionales, sino una industria civil con un volumen multimillonario en exportaciones hi-tech y un mercado interno en expansión. Desde el inicio, el modelo israelí fue plantar oficinas en Estados Unidos y vender productos de alto valor agregado. India, en cambio, se inició en la industria del software como fuerza de trabajo remota, vendiendo horas-hombre de trabajo. Tenía con qué: en India se reciben unos 700.000 ingenieros informáticos por año (cifra que supera varias veces la cantidad total de ingenieros recibidos en Argentina). Con todo, en los últimos años India está cambiando su modelo y sale a competir con software de altísimo valor agregado: su Zoho es una especie de Office gratuito cuyos competidores son nada menos que Microsoft y Google.

¿Cuál es el modelo argentino? Parece haber dos opciones: convertirse en un país que ofrece horas-hombre (la fuerza bruta del software), o apostar a la creación de productos propios de alto potencial de crecimiento. Detrás de estas dos opciones, hay dos modelos de universidad en pugna: uno que busca adaptar los programas universitarios al llamado de la industria, y otro que quiere seguir privilegiando la investigación, pero buscando transformar el conocimiento en riqueza y productividad. El primero nivela hacia abajo, porque en el largo plazo sólo aspira a brindar mano de obra barata para compañías extranjeras; el otro, podría desarrollar una economía del conocimiento en Argentina. Elegir un modelo de desarrollo, y atenerse a él, implica cambiar las reglas del juego argentino. Dejar de ser el lugar donde se consigue el desarrollo barato, la materia prima, el commodity que conviene cuando el cambio es favorable, y apostar a las ideas y la creatividad nativas.

¿Podrá la Argentina pasar de un modelo productivo del siglo XIX, como el agropecuario, a un modelo de negocios que se integre a la economía del conocimiento? Las últimas versiones de la utopía apuestan a que sí. No existe aún en el mundo, y tampoco en la Argentina, la gran novela de la época: pero sí existe, quizás, su héroe.