Sunday, July 20, 2008

dear raphael,

yo me refería a la clasificación que hacías a partir del surgimiento del net-art: donde se contraponía (1) alguien que juega con un lenguaje sin que tenga consecuencias más allá de su impacto en sí mismo, y/o un impacto inofensivo en los demás, (2) alguien que juega con consecuencias que se dan en un más allá de sí mismo, particularmente en la propiedad ajena. a partir de esta idea vos analizabas que el conjunto (1), "hacker", englobaba a seres de un lado del mundo online y del otro, que sí podían aspirar al tipo de reconocimiento del "arte", y fuera quedaban el conjunto (2), compuesto por criollitas, mediatarde y otras galletitas crackers. entonces, por una parte, mi comentario es que esa separación implica una manera de tomar la autonomía del arte (en el sentido del criterio de lo que define lo que tiene chances de ser arte) en sentido moral, que me parece que trae problemas.

fuera de eso, me parece que partir de la separación de los ámbitos online y offline trae varios issues. la veo parecido a la separación cuerpo-mente, materia-espíritu que durante siglos parecía una tecnología funcional para la discusión en filosofía... siempre y cuando tratáramos de superarla.

en rigor, los ámbitos online y offline no son muy diferentes: en second life, en todas partes del cyberespacio, siempre que haya personas, se trata de personas y vulnerabilidades comunicándose. el ciberespacio nos hace tomar más conciencia de nuestra propia existencia totalmente ficcional, si bien esta existencia ya se daba así –sólo que no teníamos la posibilidad de conocernos más a través de ella, como ahora tenemos. entonces el ciberespacio es una ventaja hermenéutica, pero para poder conocer mejor nuestras propias relaciones con el arte y sus instituciones, por ejemplo. quizás me equivoque, pero me parece imposible que no haya un traslado de la institución arte al mundo online –después de todo, es nuestro mundo, con la única diferencia de que no podemos morir naturalmente en él. (sí dos días después, como ya ocurrió con jugador de massive multiplayers al que le mataron a su personaje y fue dos días después a partirle la cabeza offline al jugador que "lo asesinó antes").

entonces esta muerte diferida, no prometida del mundo online desata nuestras capacidades ficcionales como torbellinos, pero justamente porque pone de manifiesto –con la objetividad que aprendimos a conceder sólo a la máquinas- la vulnerabilidad de nuestras relaciones con los demás. mi experiencia de los demás es mucho más íntima online, justamente porque puedo establecer registros permanentes de todos mis intercambios –justamente porque existe una memoria digital, objetiva, del mundo.

¿y dónde está la ficción, que solía oponerse a la existencia objetiva, constatable, del mundo? estas sensaciones, que sólo se dan en la intimidad de nuestro cerebro, pasan a ser la ficción irreductible. porque no pueden reducirse a ningún entorno, que no pueden traducirse, comunicarse –son las únicas ficciones absolutas. el resto son máscaras, cada vez más hiperreales.
----trackback de la discusión aquí, aquí y aquí y aquí y aquí y aquí

4 comments:

Jirafas said...

wow, cambiazo metiste.
lindos labios, los que se ocultan tras la orquidea

CANCEROLAZO said...

ojalá el serpentino cambio de skin augure que también a mí me vayas a blanquear!

no es que no me encante la asfixia perversera de tus ahorquideamientos, pero sucede que ahora te recibiría como a vos te gusta porque como podrás apreciar visitándome ¡¡¡soy un peruvian Hotel!! (te juro que es la primera vez que me pasa, tiene una explicación perfectamente racional...)

srta.pola said...

jiji, cheers boyz

rafael cippolini said...

Hola Pola!
Qué gracioso: recién, revisando tus links, recordé que tu nota sobre virus en Radar se titulaba "Deux ex machina". Partiendo desde otro lugar, a uno de los posteos sobre tecnofobia lo titulé "Deux no ex machina" ¡por lo cual podríamos estar sugiriendo que los virusmakers son algo así como la vanguardia de la anti-tecnofobia!
Regresando a nuestra discusión (un diálogo más felizmente interminable que el de Blanchot), noto que progresivamente nos volvemos más geográficos (¿postgeográficos?): (per)seguimos las ubicaciones de la ficción, de las prácticas artísticas, las múltiples traducciones anfibias, los ámbitos hackers/crackers. También tengo la sensación de que los traslados son ¿internos?, como mover las cosas dentro de una habitación o de un placard. ¿Cómo mapeamos la emotividad software? Más no sea al modo de metáfora, ese agradable par (autonomía y cyberespacio) continua desacomodando demasiadas cosas.
¡Nosotros ojalá también!
Besos