Las cosas sucedieron así: el artista plástico Guillermo Iuso venía contándonos qué pasaba en su vida al momento de que le tomaran una fotografía (aparecía con el pelo de Adrián Suar en Pelito al lado de una rubia gorda). En su perfo, Iuso tomaba vodka y perdía el hilo y se justificaba babeando que el alcohol le daba veracidad a su discurso (al fin de cuentas, ésto era un confesionario). Después de varias repeticiones (el Rojas llevaba adelante su propia perfo de hacer que no funcionen los proyectores), de contarnos cómo no se le paraba con las novias y que pagaba putas caras y cómo aparentemente con ellas tampoco funcionaba, Iuso empezó a contar cómo había seducido a su sobrina de 9 años –y que para estar con ella, digamos, no necesitaba Gimonte.La reacción de la audiencia fue irse de a puñados; otros se quedaron para putearlo recurriendo a la clínica (psicópata), el saber callejero (a vos hay que cagarte a trompadas), y la simple constatación de los hechos: vos sos un hijo de puta. Iuso se guareció bajo esa tontería más o menos actual de “esto es arte porque lo digo yo que soy artista”; que esto es una perfo etcetc.
Es decir que su charla de borracho es una perfo puesto que es artista, pero es sólo una perfo si no es verdad q abusó de su sobrina. Más allá de las contradicciones evidentes (y de que la premisa de Confesionario es la autobiografía), el show de Iuso es al menos una cosa diseñada para que el único que goce de la situación sea él –satisfaciendo su deseo perverso de 1. contar cómo abusó de una niña (con los mismos gestos que usó para contar lo que les hacía hacer a las putas) o 2. que le den una tunda a la salida. Es decir: no importa si se vale de una niña de 9 años o de una audiencia cool o protocool para llevar a cabo su técnica de mastubación asistida: dado el esquema de los hechos, ni la chica de 9 años ni la audiencia pueden defenderse, justamente porque él está en la posición del que tiene el micrófono y el arte (sus producciones y actores) es algo que se respeta.
Es probable que Iuso se sienta Stravinsky el día que estrenaron La Sacré du Printemps. Como se sentiría Cecilia Pando, imagino, si le da por hacer una perfo de su defensa del Proceso en la redacción de Página 12. Quizás la pregunta es otra (sondeemos la etimología como le gusta a Heidegger): me gustaría saber: los que lo agarraron a la salida le dieron por artista pedorro o por sujeto pedófilo? Quizás la perfo era tan mala que no se necesitó romper la suspension of disbelief y nunca nadie creyó en su acto de stand-up pedófilo. Yo, que lo vi asustado en el suelo, sé que pensó en su cabeza rota contra los escalones como final de la perfo; pero la crítica de arte contemporáneo tuvo piedad y lo dejó ir.
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PD (pedé): Más discusiones y opiniones en Funes, coso pegajoso, marina k, marina m, linkillo, tommy b., clara m.