Friday, October 12, 2007

Richard Tertius and the Ring

[Richard] no se parecía en nada a la caricatura que su mezquino sucesor ofreció al mundo tras su muerte. No siquiera era jorobado; tenía un hombro algo más alto que el otro, efecto probable del furioso manejo de la espada por parte de alguien de constitución frágil y delicada. No fue un monstruo sanguinario, y muchos de los hombres que ejecutó se lo tenían más que merecido: ni siquiera ha podido probarse la historia de sus sobrinos [...], sólo la cuentan los mismos que atestiguan que al nacer tenía colmillos y el cuerpo cubierto de pelo. Y aún así es imposible alejar esa nube rojiza de su recuerdo [...]; fuese o no un buen hombre, parece que fue un rey bueno e incluso popular, aunque siempre nos deja una vaga sensación de sufrimiento. Si echaba mano constantemente a la espada y el puñal no era porque su único placer fuera degollar a la gente, sino, probablemente, porque era un hombre nervioso. La suya fue la época de nuestros primeros retratistas [ingleses] y este bello retrato contemporáneo arroja algo de luz al respecto. Nos lo muestra toqueteando, probablemente haciendo girar, un anillo en su dedo, un gesto típico de una personalidad nerviosa que lo mismo podría juguetear con una daga.

Es un rostro de una notable belleza intelectual, pero hay algo en él que apenas puede considerarse bueno o malo, y es la muerte: la muerte de una época, de una gran civilización, de algo que en otro tiempo cantó al sol en los cánticos de san Francisco y que navegó hasta los confines de la tierra en los barcos de la primera cruzada, pero que, hastiado en tiempos de paz, se había vuelto contra sí mismo, mataba a sus propios hermanos, quebrantaba sus propias lealtades, ponía en juego la corona e incluso discutía febrilmente la fe, y que al menos gozaba de un último privilegio: que, de todas sus decandentes virtudes, fuese el valor la última en desaparecer.
Gilbert Keith Chesterton, A Short History of England

En Shakespeare, ennui y fealdad son la combinación mortal, la fórmula psicológica que atrae el futuro del villano Gloucester, cattivo:

Why I, in this weak piping time of peace,
Have no delight to pass away the time
Unless to see my shadow in the sun
And descant about my own deformity.
And therefore, since I cannot prove a lover,
to entertain these fair well-spoken days
I'm determined to prove a villain
and hate the idle pleasures of this time.

2 comments:

stefania f. said...

me emociona tu sadismo retorcido

srta.pola said...

me haces sonrojar!